Empecemos, pues, por ese plato preparado por primera vez por el cocinero de François Réné para su invitado Napoleón Bonaparte; un filete de solomillo de vacuno al punto con su salsa bearnesa y sus pommes souflées. Sencillo y resultón, os permitirá quedar como vizcondes recibiendo a emperadores cuando tengáis invitados. No puedo localizar la receta de Evelyne Ramelet, mi cocinera francesa preferida, así que os mando a wikipedia y podéis luego buscar recetas a vuestro gusto. Para ir haciendo boca, unas fotitos:
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| Hummmmm... |
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| Evelyne Ramelet |
De sus obras toca leer su Viaje a Italia. Cayó en mis manos una edición de 2007, preciosa, de José J. de Olañeta, Editor. Precioso es lo primero que se me ocurre cuando tropiezo con algo de Olañeta. El papel de la cubierta y del interior, du tacto y su color; las ilustraciones escogidas para el exterior y las guardas. Precioso, no se puede decir otra cosa.
Y del contenido, que es lo que importa, también se puede decir que precioso. Está escrito en forma de cartas, tres, desde Turín, Milán y Roma. Chateaubriand fue nombrado por Napoleón secretario de la embajada francesa en Roma de 1803 a 1804. Duró poco en el cargo dicen que por su carácter. Ya tenía 34 años y era un autor consagrado; el año anterior había publicado la que es su obra cumbre, El Genio del Cristianismo, en defensa de la religión cristiana frente a la pérdida de valores morales que achacaba a la Revolución Francesa. Sus propias contradicciones y su forma de actuar en política lo hacen un personaje atractivo. Era monárquico y revolucionario, defensor del cristianismo, pero no especialmente religioso; seguidor de Napoleón y opositor a Napoleón; miembro de L'Academie Française, uno de los grandes escritores galos y gran viajero.
En estas cartas, de aparente ligereza y fáciles de leer, despacha algunos lugares con una simple anotación que registra que estuvo allí y se demora en otros. Se demora pero no se eterniza, describe rápido, narra sucedidos o hechos que le interesan, reflexiona sobre los seres humanos y mira siempre a los clásicos, grecolatinos o más cercanos, para señalar la persistencia de la humanidad en sus errores. La traducción, de Plácido de Prada, es muy buena, por lo que contribuye a que la lectura sea un placer. El propio autor redacta algunas notas a pie de página, porque estas cartas se incluyeron en sus obras completas y las pulió y completó a ese fin.
Un libro de viajes excelente. Si conocéis los lugares que retrata disfrutaréis re-conociéndolos con otros ojos. Si esperáis verlos algún día será un acicate para acelerar en lo posible el viaje. Roma, Nápoles, Pompeya (que empezaba a salir a la luz), el Vesubio, nos esperan a través de sus ojos.
Lo que no veo muy claro es que el señor vizconde haya invitado a filet à la Chateaubriand a Napoleón, vista esa relación de "ahora te ajunto, ahora no te ajunto" que parece que tenían. A ver si el nombre del plato va a tener otro origen.
FRANÇOIS-RÉNÉ DE CHATEAUBRIAND. Viaje a Italia. José J.de Olañeta, Editor. 2007





