Yo ya leía tus artículos de opinión, Marta, Martita, Martasanz, perdóname la familiaridad. A veces discrepo, pero tu forma de escribir me arrastra y leo aunque sea para decirte que ya te vale y que parece mentira para ti y que eso no me lo esperaba, pero son las menos. Luego te encuentro haciendo crítica de libros y veo que coincidimos en gustos. Entonces te busco en san Google y descubro que tienes una larga vida de lectura y escritura a tus espaldas y que escribes novelas ¿dónde estaría yo que no me había enterado?
Me dispongo a enmendar tanto desconocimiento y me estreno con pequeñas mujeres rojas, así, con minúscula. Primero doy unas vueltas al libro y a esos párrafos elogiosos de la cubierta, la propaganda editorial firmada a veces por grandes cabezas y llamada por ellas, las cabezas esas, “paratextos”. Yo voy a seguir llamándoles propaganda editorial, me niego a caer en tanta pedantería más allá de lo necesario. Y qué cosas tan buenas dicen de ti, tantas que la mosca se me va detrás de la oreja. A saber: “western expresionista”, “famélica legión de niños perdidos y mujeres muertas”, “homenaje a Hammett y a Rulfo”, “prolonga la posibilidad de la novela política”, “puro barroco rojo contra la anorexia espiritual”. Y que tu “sistema nervioso personal” lo muestras a través del estilo.
Allá voy. Mira que como se hayan pasado con el jabón.
Y empiezo con ese poema de Vázquez Montalbán que abre el libro y sigo con la perorata de los niños perdidos y las mujeres muertas (tranquila, no voy a desvelar quiénes son) Sigo con Paula y sus cartas a Luz, y con la narración de Luz. Descubro a Zarco, personaje de otras obras tuyas. Y hago una pausa para anotar que tengo que leer esos libros anteriores.
Y empiezo a entender lo de Rulfo y todo lo demás. Porque es cierto todo lo que dicen, incluso se “ve” en algunos momentos el paisaje desolado de Comala y las bolas de yerbajos resecos arrastrados por el viento; sí, mujer, esas bolas de maleza que salen en los westerns (permíteme este plural) y que seguro que tienen nombre.
Y lo de la novela política, también. Las fosas comunes, como la de Azafrán, tienen vida y duelen y tu novela descubre esa vida y nos obliga a mirarla de frente.
Y el estilo. Qué barroco ni barroco, placer de lectura y sabor de las palabras.
Por si fuera poco, escribes poesía.
Pues ya, si quieres, en un rato que tengas, escribir la guía telefónica, yo la leeré, te lo prometo.
Desde ahora tuya para siempre amén, Marta, Martita, Marta Sanz.
pequeñas mujeres rojas
Marta Sanz
Anagrama, 2020

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