Estaba yo con un desayuno largo, de esos de pijama, dos cafés, la radio, un crucigrama…, en fin, de jubilada, cuando la cartera me trajo a casa una carta “aunque no es certificada, pero como no cabe en el buzón”. Una ahijada me mandaba su palma. Tengo un plantel de ahijados, ellas y ellos, de los que te alegran el día. Y eso fue lo que pasó hoy. He de decir que andan repartidos por el mundo, no todos son creyentes, o igual ninguno, no en todas partes hay las mismas costumbres, pero se esfuerzan por cumplir; el ramo puede ser de olivo, o de camelia y venir en una foto con su remitente, selfie, creo que se llama; o en forma de marron glacé empaquetado como la joya de Love Actually, o el laurel ya pelado y guardado en una cajita de regalo decorada con flores. Incluso quien no se acuerda me manda un WhatsApp deseándome que me cuide. No me diréis que no son estupendos, ellos y ellas. Hoy llegó una ramita de olivo bordada a punto de cruz y una tarjeta con una dedicatoria que me tuvo llorando por los rincones media mañana, como la mismísima Zarzamora de los magníficos Quintero, León y Quiroga, versión Lola de España.
Es la cuarta novela de un desconocido para mí Luis Mario, cántabro del 92, y titulada Calabobos. Así que se impone apagar la radio, apartar el crucigrama, calentar el tercer café y empezar a leer; es lo que tiene ser adicta, que ni se puede ni se quiere esquivar la tentación.
El libro tiene tres partes con sus correspondientes títulos: En el Norte la lluvia no suena al caer, En el Norte la lluvia no moja bajo el agua, En el Norte la lluvia empieza justo después de parar de llover. Y, además de la presencia de la lluvia, el mar. Para que veáis el mar os pongo una foto del primer párrafo, Palabras de una madre que salió por leña:
| CALABOBOS, de Luis Mario |
¿Poesía, eh? Sí, poesía en la historia de Mariuca y poesía en el habla cántabra por la que se escapa el alma de los personajes. Y te las prometes muy felices, porque la gente del tiempo, esos agoreros, predicen un fin de semana modelo Noé en el Arca: puedes empezar a leer hoy mismo y disfrutar de la lectura y de la lluvia del norte todo el fin de semana. Bájate corriendo a ca Donata a hacer acopio de vituallas y a vivir.
Pero qué poco dura la alegría en casa de la probe lectora. Acabo de recordar que anoche empecé otra cosa, completamente distinta, pero que también me tiene enganchada. Ayer me di una vuelta por la vetusta capital norteña donde me gasto ahora y, cual gorrino trufero, acabé en la librería, ¿dónde mejor? Me regalé un par de cosillas, una de ellas una biografía literaria e ilustrada de Jane Austen. Me gustan los libros ilustrados porque, como buena búmer, disfruté en mi infancia y adolescencia de aquellos ilustrados de Bruguera, adaptaciones de clásicos, desde Heidi hasta Miguel Strogoff.
Me diréis que si no estoy harta de la tía Jane después de haber leído todas sus biografías menos una, y todas sus obras menos una, y haber visto todas las pelis y series y tener a sus intérpretes y directores, ellos y ellas, rigurosamente clasificados por su adecuación a los personajes: en esta familia nos mensajeamos cada vez que alguien ve que reponen algo en la tele y vamos comentando vía WhatsApp. Pues no, no estoy harta. Además, esta biografía es muy buena y las ilustraciones, magníficas. Por cierto, me gustó mucho la miniserie Miss Austen, los Austen a través de la mirada de Cassandra.
Para estos casos de dos libros empezados y que te gritan queriendo llevarte a su molino no queda otra que la solución a la parlamentaria: alternancia entre los dos, un rato cada uno. Todo arreglado. Menudo fin de semana voy a pasar.
Gracias por el libro, reina. Y por las lágrimas de la dedicatoria. Y sí, siempre nos gustarán los tiburones, que, como todo el mundo sabe abundan en el Cantábrico a pesar de los muchos que matamos en el pasado.
Severina Velasco
LUIS MARIO.- Calabobos. Reservoir Books, 2025
CRISTINA OÑORO (Texto) y ANA JAÉN (ILUSTRACIONES).- Una biografía literaria de Jane Austen. Lumen, 2025
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