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"Vivir sin leer es peligroso, porque obliga a conformarse con la vida"
Michel Houellebecq




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miércoles, 19 de marzo de 2025

QUE PLANCHE ROSA LUXEMBURGO

      No importa cuánto talento tenga la mujer, ni que su trabajo sea tan creativo o más que el de su pareja. No importa que el horario en su empresa sea desmedido. Ni tampoco importa, y es lo más doloroso, que su compañero de vida varón esté concienciado y convencido de la causa de las mujeres. El trabajo doméstico, el cuidado de la prole y la organización de todo esto sigue dependiendo de ella. La de la igualdad es una revolución lenta y larga en la que ninguna conquista puede darse por conseguida definitivamente, aunque así vaya siendo refrendada en las leyes. Al mínimo descuido, años de avances se pueden malograr. Así no es de extrañar que las mujeres sientan, sintamos la tentación de abandonar ante el desgaste que supone estar siempre en estado de alerta.


        Francisca Aguirre, querida Paca Aguirre, te entiendo perfectamente cuando mandas a planchar a la querida Rosa Luxemburgo. Tu fino sentido del humor cuenta el devenir de las mujeres en su día a día mientras se les va la vida resolviendo problemas innobles: planchar las camisas de Ulises, limpiar la moqueta, comprar el pescado. Modernas Penélopes que descubren que lo que ellas quieren es la aventura, en el Mediterráneo o, mejor, en los mares del Sur; y si además de la aventura más o menos épica cae también alguna aventura romántica, mejor; un Robert Redford que te lave el pelo en alguna granja bien equipada de África. Porque el mundo no es propiedad de los Ulises, ni de los Horacios (veo que tu Horacio era un poco pillín) El mundo es también nuestro. De las Pacas, poetas o no, de las pacientes Penélopes, de las baronesas que tenían una granja en África, de las Virginias que además de habitación propia tienen quien les planche. Y de las que planchan, que si no tuvieran que hacerlo para vivir quizá escribieran mejor que las escritoras y, sobre todo, que los escritores a los que planchan las camisas.



        Y como las revoluciones pendientes son muchas habrá que volver a la candente actualidad. Todavía con el espanto de que el jefe supremo de la cosa política mundial quiera mandar a los palestinos a vivir a no se sabe dónde para robarles su territorio y poner en él sus chiringuitos de lujo porque es un sitio muy bueno, con sol y playas; o repartirse con el otro acosador del patio las mochilas de los compañeros más débiles porque llevan bocatas más sabrosos, mi querida e-biblio me pone en las manos Los exportados, de la periodista Sonia Devillers. Sonia Devillers es francesa de ascendencia rumana. Su madre y sus abuelos fueron judíos rumanos exportados que llegaron a París procedentes de Bucarest en 1961. En su libro relata el viaje en un tren que nos recuerda los trenes de la muerte nazis, con sus detenciones en parajes inhóspitos y sus registros y comprobaciones de documentos y permisos de salida del país. Y, sobre todo, cuenta, tras una investigación exhaustiva buscando el origen de su familia, cómo los judíos y el petróleo fueron los dos productos exportables más importantes de Rumanía en palabras del sanguinario dictador Ceauçescu. Por si hubiera sido poco el holocausto durante la segunda guerra mundial, que Rumanía libró asociada con Alemania, en la postguerra soviética los perseguidos y acosados judíos podían conseguir documentos para salir hacia Occidente o hacia Israel pagándolos a buen precio a un intermediario, judío también para más inri, que hacía una labor de presunto trueque solidario (el mundo de los eufemismos es infinito) Tú me das a tus judíos y yo a cambio te consigo ganado para tus granjas de cría y para consumo, vacas de leche y carne, gallinas, ovejas, cerdos, sobre todo cerdos. O, directamente, te doy dinero si lo prefieres. Y yo me llevo mi pingüe beneficio.

        Si las náuseas todavía os respetan os animo a que lo leáis. Y, sí, la ignominia es tan vieja como los seres humanos; y no, no hay nada nuevo bajo el sol.

FRANCISCA AGUIRRE.- Que planche Rosa Luxemburgo. Editorial Carpe Noctem, 2024

SONIA DEVILLERS.- Los exportados. Impedimenta, 2024












sábado, 7 de mayo de 2022

#poesíasoloenfinde/98




María Pagés, bailaora, Premio Princesa de Asturias de las Artes 2022
Foto de ESTEBAN para lavozdelsur.es (19-05-2021)




NO OS CONFUNDÁIS

Y cuando ya no quede nada
tendré siempre el recuerdo
de lo que no se cumplió nunca.
Cuando me miren con áspera piedad
yo siempre tendré
lo que la vida no pudo ofrecerme.
Creedme:
todo lo que pensáis que fue destrozo y pérdida
no ha sido más que conjetura.
Y cuando ya no quede nada
siempre tendré lo que me fue negado.
No os confundáis: con lo que nunca tuve
puedo llenar el mundo palmo a palmo.
Tanto miedo tenéis que no habéis advertido
la riqueza que se oculta en la pérdida.
Desdichados,
poca ganancia es la vuestra
si nunca habéis perdido nada.
Yo sí he perdido:
yo tengo, como el náufrago,
toda la tierra esperándome.



Carmen Linares, Premio Princesa de Asturias de las Artes 2022
Anda jaleo (bulería) (Canciones populares antiguas recopiladas y armonizadas por Federico García Lorca)

domingo, 17 de abril de 2022

#poesíasoloenfinde/93




Joaquín Sorolla - Paseo por la playa, 1909
Museo Sorolla- Madrid



«… Un día vuestro linaje de miseria
habrá cubierto todo el recorrido…»
FA

Testigo de excepción

Un mar, un mar es lo que necesito.
Un mar y no otra cosa, no otra cosa.
Lo demás es pequeño, insuficiente, pobre.
Un mar, un mar es lo que necesito.
No una montaña, un río, un cielo.
No. Nada, nada,
únicamente un mar.
Tampoco quiero flores, manos,
ni un corazón que me consuele.
No quiero un corazón
a cambio de otro corazón.
No quiero que me hablen de amor
a cambio del amor.
Yo sólo quiero un mar:
yo sólo necesito un mar.
Un agua de distancia,
un agua que no escape,
un agua misericordiosa
en que lavar mi corazón
y dejarlo a su orilla
para que sea empujado por sus olas,
lamido por su lengua de sal
que cicatriza heridas.
Un mar, un mar del que ser cómplice.
Un mar al que contarle todo.
Un mar, creedme, necesito un mar,
un mar donde llorar a mares
y que nadie lo note.
Francisca Aguirre

     En Poesía reunida, 1966-2017, Calambur Editorial, 2018




Tatiana Eva- Marie & Avalon Jazz Band - La mer



lunes, 25 de enero de 2021

#poesíaalarmada/92

(1937-2014)


Familia de poetas:
con su mujer, Francisca Aguirre, y su hija, Guadalupe Grande


El infierno

El bien irreparable que me hizo tu belleza
y la felicidad que se llevó tu piel
son como dos avispas que tengo en la cabeza
poniendo azufre donde conservaba tu miel.

¡Cambió tanto la cena! Botijas de tristeza
en vez de vasos de alba tiene hoy este mantel
y aquel fervor, espero esta noche a que cueza
para servirme un plato de lo que queda: yel.

Rara la mesa está: La miro con asombro,
como y bebo extrañeza y horror y absurdo y pena.
Se acabó todo aquel milagro alimenticio

tras un postre espantoso me levanto y te nombro
que es el último trago de dolor de esta cena,
y voy solo a la cama como quien va al suplicio.


Camilo Sesto - Vivir sin ti 

lunes, 27 de julio de 2020

#poesíaenverano/37

Premio Adonáis 1963
Premio Nacional de las Letras Españolas 2004
Premio Nacional de Flamencología 1980



Félix Grande con su esposa, la poetisa Francisca Aguirre

Vivir a cara o cruz

Carezca yo de ti
y al infortunio suceda la desgracia
y a la desgracia el cataclismo
y a todo ello asistiría
con el desinterés de un muerto.

Estés conmigo tú
y por cada brizna de dicha
que pretendan arrebatarnos
avanzarían desde mi corazón
espléndidos ejércitos de odio.

Tú puedes ser la espalda atroz de mi destino
o mi patria de carne.

Félix Grande y Paco de Lucía, en 1991. JULIÁN JAÉN

Donde fuiste feliz alguna vez

Donde fuiste feliz alguna vez
no debieras volver jamás: el tiempo
habrá hecho sus destrozos, levantado
su muro fronterizo
contra el que la ilusión chocará estupefacta.
El tiempo habrá labrado,
paciente, tu fracaso
mientras faltabas, mientras ibas
ingenuamente por el mundo
conservando como recuerdo
lo que era destrucción subterránea, ruina.

Si la felicidad te la dio una mujer
ahora habrá envejecido u olvidado
y sólo sentirás asombro
−el anticipo de las maldiciones.
Si una taberna fue, habrá cambiado
de dueño o de clientes
y tu rincón se habrá ocupado
con intrusos fantasmagóricos
que con su ajeneidad te empujan a la calle, al vacío.
Si fue un barrio, hallarás
entre los cambios del urbano progreso
tu cadáver diseminado.

No debieras volver jamás a nada, a nadie,
pues toda historia interrumpida
tan sólo sobrevive
para vengarse en la ilusión, clavarle
su cuchillo desesperado,
morir asesinando.

Mas sabes que la dicha es como un criminal
que seduce a su víctima,
que la reclama con atroz dulzura
mientras esconde la mano homicida.
Sabes que volverás, que te hallas condenado
a regresar, humilde, donde fuiste feliz.

Sabes que volverás
porque la dicha consistió en marcarte
con la nostalgia, convertirte
la vida en cicatriz;
y si has de ser leal, girarás errabundo
alrededor del desastre entrañable
como girase un perro ante la tumba
de su dueño… su dueño… su dueño…



Paco de Lucía & Al Di Meola. Mediterranean Sundance










domingo, 19 de abril de 2020

#yomequedoencasa/36


                          FRONTERA


Yo, que llegué a la vida demasiado pronto,
que fui -que soy- la que se anticipó,
la que acudió a la cita antes de tiempo
y tuvo que esperar en la consigna
viendo pasar el equipaje de la vida
desde el banco neutral de la deshora.

Yo, que nací en el treinta, cuando es cierto
-como todos sabéis- que nunca debí hacerlo,
que hubiera yo debido meditarlo antes,
tener un poco de paciencia y tino
y no ingresar en ese tiempo loco
que cobra su alquiler en monedas de espanto.

Yo, que vengo pagando mi imprudencia,
que le debo a mi prisa mi miseria,
que hube de trocear mi corazón en mil pedazos
para pagar mi puesto en el desierto,
yo, sabedlo, llegué tarde una vez a la frontera.

Yo, que tanto me había anticipado,
no supe anticiparme un poco más
(al fin y al cabo para pagar
en monedas de sangre y de desdicha
qué pueden importar algunos años).

Yo, que no supe nacer en el cuarenta y cinco,
cometí el desafuero, oídlo,
de llegar tarde a la frontera.
Llegué con los ojos cegados de la infancia
y el corazón en blanco, sin historia.

Llegué (Señor, qué imperdonable)
con nueve años solamente.
Llegué, tal vez al mismo tiempo que él
pero en distinto tiempo.
                                       No lo supe.

(Oh tiempo miserable e injusto.)
Estuve allí -quizá lo vi-
pero era tarde.
Yo era pequeña
y tenía sueño.
Don Antonio era viejo
y también tenía sueño.
(Señor, qué imperdonable:
haber nacido demasiado pronto
y haber llegado demasiado tarde.)