Mujeres que viven en silencio. El silencio de las mujeres. El silencio a gritos de las mujeres. De las que tienen papel: Charo, Clara, Concha, Celia, Mari Güeyos. De las silenciadas: Rosalía, Mercedes. De las que gritan: Marlene, Auri. Mujeres que fueron niñas. Mujeres que crecen. Mujeres que envejecen. Humilladas y ofendidas.
Hombres que gritan, hombres que humillan y ofenden, hombres que imponen silencio a las mujeres: Valcárcel, Basterra. Hombres condenados al silencio, humillados, ofendidos: Higinio. Hombres que acompañan: Lázaro.
Vidas tejidas en el telar de una posguerra cruel y asfixiante, qué posguerra no lo es; vidas ahogadas en los silencios. Vidas como heridas cerradas en falso, a la espera del bisturí que las cure. Vidas que se abren a la ilusión y a la esperanza.
La historia de tres generaciones de una familia contada, a la vez que descubierta, por la última de sus mujeres cautiva a los lectores, a la lectora, por su proximidad. De Concha y Charo venimos, con Celia crecimos, con Clara maduramos y nos abrimos a la esperanza.
Y como a ellas, nos arropó el cine: quisimos que Sam tocara otra vez, pusimos al cielo por testigo de que no volveríamos a meter la pata y, de vez en cuando, soñamos con volver a Manderley.
No es cómoda la lectura de esta novela, nunca lo es acercarse a los demonios que acompañan a las personas a lo largo de la vida. Pero una tertulia, o mejor, conversación, sobre la lectura, quita el frío del desasosiego, y la presencia de la autora, tan cálida y cercana, enriquece sobremanera la experiencia con sus respuestas a nuestros porqués. Gracias por estar, Carmen.
CARMEN CABEZA. Nunca fuimos Ingrid Bergman. Nieva Ediciones, Avilés, 2019



