Foto:SVG
"Vivir sin leer es peligroso, porque obliga a conformarse con la vida"
Michel Houellebecq




Mostrando las entradas para la consulta Ángela Figuera ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Ángela Figuera ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

lunes, 1 de marzo de 2021

#poesíaalarmada/128



Ángela Figuera Aymerich ( De Biografías y Vidas)



PRIMAVERA

I.- Marzo ventoso


Marzo marcero…
marzo ventero
que te ciñes y soplas
por las esquinas
y, con el polvo, armas
la tremolina.

marzo marcero,
duende fullero
que, en las aldeas,
aúllas por las calles
y chimeneas.

Marzo marcero,
zaragatero
que a las veletas
haces cosquillas
para sacarlas
de sus casillas.

Marzo marcero,
buen jardinero
que, en las orillas
de las cunetas,
pones ramitos
de violetas
engalanando
la carretera
para que pase
la Primavera.

Marzo marcero,
buen caballero
tráeme el perfume
del limonero.

(De Canciones para todo el año, Poesías completas, Hiperión, 2009)




Coro Ronda Altamira - Marzo Florido (Marzas en Santander, 2013)





miércoles, 8 de diciembre de 2021

#poesíasoloenfinde/49

(1902-1984)


Sandro Botticelli - Juicio de Paris
Fundación Giorgio Cini, Venecia



BELLEZA CRUEL

Dadme un espeso corazón de barro,
dadme unos ojos de diamante enjuto,
boca de amianto, congeladas venas,
duras espaldas que acaricie el aire.
Quiero dormir a gusto cada noche.
Quiero cantar a estilo de jilguero.
Quiero vivir y amar sin que me pese
ese saber y oír y darme cuenta;
este mirar a diario de hito en hito
todo el revés atroz de la medalla.
Quiero reír al sol sin que me asombre
que este existir de balde sobreviva,
con tanta muerte suelta por las calles.

Quiero cruzar alegre entre la gente
sin que me cause miedo la mirada
de los que labran tierra golpe a golpe,
de los que roen tiempo palmo a palmo,
de los que llenan pozos gota a gota.

Porque es lo cierto que me da vergüenza,
que se me para el pulso y la sonrisa
cuando contemplo el rostro y el vestido
de tantos hombres con el miedo al hombro,
de tantos hombres con el hambre a cuestas,
de tantas frentes con la piel quemada
por la escondida rabia de la sangre.

Porque es lo cierto que me asusta verme
las manos limpias persiguiendo a tontas
mis mariposas de papel o versos.
Porque es lo cierto que empecé cantando
para poner a salvo mis juguetes,
pero ahora estoy aquí mordiendo el polvo,
y me confieso y pido a los que pasan
que me perdonen pronto tantas cosas.

Que me perdonen esta miel tan dulce
sobre los labios, y el silencio noble
de mis almohadas, y mi Dios tan fácil
y este llorar con arte y preceptiva
penas de quita y pon prefabricadas.

Que me perdonen todos este lujo,
este tremendo lujo de ir hallando
tanta belleza en tierra, mar y cielo,
tanta belleza devorada a solas,
tanta belleza cruel, tanta belleza.

                                    De Belleza cruel (1958) en Obras completas, Hiperión, 2009


Hilario Camacho - Tristeza de amor

martes, 10 de noviembre de 2020

#poesíaalarmada/16



NO QUIERO

No quiero
que los besos se paguen
ni la sangre se venda
ni se compre la brisa
ni se alquile el aliento.
No quiero
que el trigo se queme y el pan se escatime.

No quiero
que haya frío en las casas,
que haya miedo en las calles,
que haya rabia en los ojos.

No quiero
que en los labios se encierren mentiras,
que en las arcas se encierren millones,
que en la cárcel se encierre a los buenos.

No quiero
que el labriego trabaje sin agua
que el marino navegue sin brújula,
que en la fábrica no haya azucenas,
que en la mina no vean la aurora,
que en la escuela no ría el maestro.

No quiero
que las madres no tengan perfumes,
que las mozas no tengan amores,
que los padres no tengan tabaco,
que a los niños les pongan los Reyes
camisetas de punto y cuadernos.

No quiero
que la tierra se parta en porciones,
que en el mar se establezcan dominios,
que en el aire se agiten banderas
que en los trajes se pongan señales.

No quiero
que mi hijo desfile,
que los hijos de madre desfilen
con fusil y con muerte en el hombro;
que jamás se disparen fusiles
que jamás se fabriquen fusiles.

No quiero
que me manden Fulano y Mengano,
que me fisgue el vecino de enfrente,
que me pongan carteles y sellos
que decreten lo que es poesía.

No quiero amar en secreto,
llorar en secreto
cantar en secreto.

No quiero
que me tapen la boca
cuando digo NO QUIERO…


Pablo Milanés - Yo no te pido

sábado, 23 de marzo de 2024

#lacosapoética/64

(1902 - 1984)


Dios Pulpo, en oro, crisocola y concha. - Cultura Mochica, s. I-VIII d.C.
Museo de la Nación, Lima (Perú)



EL PULPO ENAMORADO

CUENTO TONTO Y SOSO DE LA MAR SALADA


Allá en el fondo del mar
 hay un pulpo enamorado
 de una sirenita rubia;
pero ella no le hace caso.

Él la mira y la remira;
 ella pasa sin mirarlo.
 Ella se marcha riendo;
 él se queda suspirando:
 —¡Ay, madre si me quisiera,
cuántos brazos, cuántos brazos
 para estrecharla y mecerla!...
 (Pero ella no le hace caso).
Cuántas ávidas ventosas
 para besarla despacio,
 para decirle «¡te quiero!».
 (Pero ella no le hace caso)

Ella, por el mar azul,
coquetea retozando.
 Cada vez está más linda
 y es su pelo más dorado.
 Él, a fuerza de llorar,
 cada vez más feo y lacio.
(La mar salada y azul
 es ahora un mar amargo.)
 Deja de llorar y deja
 que se vaya por su lado
esa coquetuela tonta
que te tiene tan chiflado,
conquista a una pulpa guapa
—que las habrá por tu barrio—
y ten una colección
de pulpitos bien criados.

                                    (Madrid, agosto, 1973)
                De Cuentos tontos para niños listos en Obras completas. Editorial Hiperión, 2009




THE BEATLES - Octopus's Gardens


sábado, 10 de julio de 2021

#poesíasiempre/107

(1902 - 1984)

Tintoretto - Adán y Eva, c.1550
Galería de la Academia de Venecia




EXHORTACIÓN IMPERTINENTE A MIS HERMANAS POETISAS

                                                                                     A Carmen Conde

Porque, amigas, os pasa que os halláis en la vida
como en una visita de cumplido. Sentadas
cautamente en el borde de la silla. Modosas.
Dibujando sonrisas desvaídas. Lanzando
suspirillos rimados, como pájaros bobos.

Pero ocurre que el mundo se ha cansado de céfiros
aromados, de suaves rosicleres o lirios,
y de tantos poemas como platos de nata.

Levantaos, hermanas. Desnudaos la túnica.
Dad al viento el cabello. Requemaos la carne
con el fuego y la escarcha de los días violentos
y las noches hostiles aguzadas de enigmas.
No os quedéis en el margen. Que las aguas os lleven
sobre finas arenas o afilados guijarros.
Que os penetren las sales. Que las zarzas os hieran.
Y, acercando la quilla, remontad la corriente
hacia el puro misterio donde el río se inicia.

Id al húmedo prado. Comulgad con la tierra
que se curva esponjada de infinitas preñeces,
y dejad que la vida poderosa y salvaje
os embista y derribe como toro bravío
al caer sobre el anca de una joven novilla.

No queráis ignorar que el amor es un trance
que disloca los huesos y acelera las sienes;
y que un cuerpo viviente con delicia se ajusta
al contorno preciso donde late otro cuerpo.

No queráis ignorar que el placer es el zumo
de las plantas agrestes que se cortan con prisa;
y el pecado una línea que subraya de negro
lo brillante del goce.

No queráis ignorar que es el odio un cuchillo
de agudísimo corte que amenaza las venas;
y la envidia una torva dentadura amarilla
que nos muerde rabiosa cada fruta lograda.

No queráis ignorar que el dolor y la muerte
son dos hienas tenaces que nos pisan la sombra
y que el Dios de las cándidas estampitas azules
es un alto horizonte constelado de espantos
que en la oculta vertiente de los siglos aguarda.

Eva quiso morder en la fruta. Mordedla.
Y cantad el destino de su largo linaje
dolorido y glorioso. Porque, amigas, la vida
es así: todo eso que os aturde y asusta.

                                  (Revista Espadaña, nº 45, León, 1950. Recogido en Obras completas, Hiperión, 1986)


Joaquín Sabina - Eva tomando el sol (directo)

sábado, 1 de octubre de 2022

#poesíaenotoño/3

(1902 - 1984)


Serguéi Eisenstein - El acorazado Potemkin (1925)
Fotograma de la escena de la escalinata de Odesa



SEGUIR

Muchos por ti mataron, tierra mía.
Hicieron de sus huesos plomo airado
y mataron por ti.
Convirtieron 
su dulce corazón en fiera lanza
y mataron por ti.
Ardieron
de amor y furor hasta los ojos,
y mataron por ti.

De mis huecos
hice yo un árbol nuevo y atrevido
y lo planté en tu pecho
junto al árbol quemado.
Prensé mi corazón
y procuré una copa
de sangre nueva y pura
a tus mermadas venas;
y añadí
un nombre sin pasado
a los sagrados nombres de tus hijos.

Muchos por ti murieron, tierra mía:
Muchos murieron derramados
sobre tus campos pobres
como simiente sin futuro.
Se olvidaron
del beso y de la cuna,
de la vid y del trigo.
Se ofrecieron
desnudos e impasibles
a la oscura galerna
y murieron por ti.

Yo he seguido viviendo:
Sobre tu arcilla triste,
bajo tu cielo duro,
he seguido viviendo.
Trasegando
tu vinagre y tu vino,
tu sudor y tu llanto,
he seguido viviendo.
Respirando
tus infectas letrinas,
descubriendo
tu secreto perfume,
he seguido viviendo.

En ti, por ti, contigo; amordazada,
clavada, paralítica, vendida;
sufriéndote, perdiéndote, ganándote;
muriéndome, muriéndote, adorándote,
yo he seguido,
he seguido,
he seguido, viviendo.

                        De Toco la tierra. Letanías (1962) en Obras completas, Ed. Hiperión, 2009









miércoles, 1 de abril de 2020

#yomequedoencasa/18




II.- ABRIL (LLUVIOSO)

En abril, -aguas mil-
alta sube la rama
del perejil.

En abril, -aguas mil-
maduran las toronjas
del toronjil.

En abril, -aguas mil-
verdes crecen las habas
y el alcaucil.



En abril, -aguas mil-
cuando los chaparrones
caen de perfil,
las dos niñas gemelas
del alguacil
se cubren la cabeza
con el mandil.

En abril, -aguas mil-
cuando sale la vieja
con el candil
para guardar las cabras
en el redil
¡qué bien toca la lluvia
su tamboril!

Mes de abril
-aguas mil-
Si apagas la llamita
de ese candil
¿dormirán hoy las cabras
en su redil)

                                                                            Ángela Figuera Aymerich (1902-1984)

lunes, 21 de diciembre de 2020

#poesíaalarmada/57

(1902 – 1984)


INVIERNO

Del cielo gris en silencio,
los copos de nieve bajan:
son pétalos de azucena,
plumas de palomas blancas.

Llega el niño, pisoteando
por la alfombra inmaculada…
-¡Qué bonito!...¡Cuánta nieve!
Madre, en medio de la plaza,
hemos hecho un hombre; lleva
sombrero y hasta bufanda.
-¿Bufanda?...
                         -¡Claro, la mía!
Se la puse en la garganta
porque, con el frío que hace,
puede que se constipara…


Vivaldi - El Invierno - Las cuatro estaciones 
 Orquesta de cámara de Salzburgo

sábado, 10 de abril de 2021

#poesíaalarmada/168

(1902 - 1984)


Valla fronteriza entre Turquía y Bulgaria, en Kraynovo (FRONTEX)
Público.es, 23/02/21



LA FRONTERA

Llegaron los hombres a partir la tierra:
Tras el arado codicioso,
sembrado el odio y la cizaña,
parlamentada la rapiña,
llegaron hombres a partir la tierra.

Hombres con botas despiadadas,
hombres con mapas y anteojos,
con largos dientes, largas uñas,
ojos de plomo y sangre negra.

Al filo de ansia y de cuchillo
iban abriendo y troceando
el pecho santo de la Madre.

Al borde mismo de la herida
se colocaban los mojones.

Los ríos vieron sus orillas
a la distancia real del odio.

Los lagos fueron divididos
como se saja un ojo abierto.

La mies, el bosque, la amapola,
se repartieron con argucia.
La nieve, el pájaro la brisa,
la mina, el mar, el sol, la calle,
la sal, la miel, se adjudicaron.

Las cordilleras se escindieron;
del valle hicieron apartijos,
formaron lotes con las bestias;
se disputaron las raíces
y el fuego oculto en los volcanes.

De sangre y sangre, de hombre y hombre
hicieron castas diferentes.

Así quedó trazada la frontera.

Y llegaron los buitres.
Y posáronse a un lado y a otro lado.
Y se pusieron a esperar.

                (De Toco la tierra. Letanías. 1962, en Obras completas. Hiperión)


Jorge Drexler - Frontera

domingo, 5 de junio de 2022

#poesíasoloenfinde/107

(1902-1985)


Ouka Leele - Autorretrato con peineta (1978)


MUJER

¡Cuán vanamente, cuán ligeramente
me llamaron poetas, flor, perfume!...

Flor, no: florezco. Exhalo sin mudarme.
Me entregan la simiente: doy el fruto.
El agua corre en mí: no soy el agua.
Árboles de la orilla, dulcemente
los acojo y reflejo: no soy árbol.
Ave que vuela, no: seguro nido.

Cauce propicio, cálido camino
para el fluir eterno de la especie.

                            De Mujer de barro (1948), en Obras completas, Hiperión, 2009



Martirio - Sevillanas de los bloques

miércoles, 23 de diciembre de 2020

#poesíaalarmada/59

(1902 - 1984)


TARJETAS POSTALES DE NAVIDAD
                                4

A unos peces que dormían
Algo raro los despierta.
Se asoman a ver qué pasa:
Quedan con la boca abierta…

Hay una barca amarrada
a la orilla del río;
es una barca dorada
y, cantando el pío, pío,
pájaros de todas clases,
sin hacer caso del frío,
la están cargando… ¡hala! … ¡hala!
que ya es tarde … pío, pío …

Y hay uno que apunta:
Cien bolas de plata,
otras cien de oro,
ciento coloradas …
Flores, bombillitas,
nueces y guirnaldas …
¿Lo tenemos todo?
¡No, no! Que aún nos faltan
un Papá Noel
con la barba blanca
y dos bateleros
que ¡hala! … ¡hala! … ¡hala! …
en un periquete,
se lleven la barca.
No puede esperarse a que el Niño nazca
(se está haciendo tarde,
la familia aguarda…)

Y el árbol de Navidad
tiene vacías las ramas.
Hay que adornarlo enseguida
con sus luces y sus galas
para que, imitando al sol,
alegre toda la casa.

Y dos de los peces
que lo estaban viendo
y eran peces gordos, 
pronto se ofrecieron:
“Por mirar la barca
estamos despiertos…
Decidnos adónde
y la llevaremos”.


Berrogüetto - Cantigas de Nadal - Nadal de Luintra

domingo, 28 de abril de 2024

#lacosapoética/75

 ÁNGELA FIGUERA  AYMERICH

(1902 - 1984)

MOHAMMED SALEM (Agencia Reuters) - 
La mujer palestina Inas Abu Maamar, de 36 años, abraza el cuerpo de su sobrina Saly, de 5 años, que murió en un ataque israelí, en el hospital Nasser en Khan Younis, en el sur de la Franja de Gaza, el 17 de octubre de 2023.
Premio World Press Photo 2024 

REBELIÓN

Serán las madres las que digan: Basta.

Esas mujeres que acarrean siglos

de laboreo dócil, de paciencia,

igual que vacas mansas y seguras

que tristemente alumbran y consienten

con un mugido largo y quejumbroso

el robo y sacrificio de su cría.


Serán las madres todas rehusando

ceder sus vientres al trabajo inútil

de concebir tan sólo hacia la fosa.

De dar fruto a la vida cuando saben

que no ha de madurar entre sus ramas.


No más parir abeles y caínes.

Ninguna querrá dar pasto sumiso

al odio que supura incoercible

desde los cuatro puntos cardinales.


Cuando el amor con su rotundo mando

nos pone actividad en las entrañas

y una secreta pleamar gozosa

nos rompe la esbeltez de la cintura,

sabemos y aceptamos para el hijo

un áspero destino de herramienta,

un péndulo del júbilo a la lágrima.

Que así la vida trenza sus caminos

en plenitud de días y de pasos

hacia la muerte lícita y auténtica,

no al golpe anticipado de la ira.


¿Por qué lograr espigas que maduren

para una siega de ametralladoras?

¿Por qué llenar prisiones y cuarteles?

¿Por qué suministrar carne con nervios

al agrio espino de alambradas,

bocas al hambre y ojos al espanto?


¿Es necesario continuar un mundo

en que la sangre más fragante y pura

no vale lo que un litro de petróleo,

y el oro pesa más que la belleza,

y un corazón, un pájaro, una rosa

no tienen la importancia del uranio?


                        De El grito inútil (A los que no quieren escuchar, 1952) en Obras completas, Hiperión, 2009

domingo, 2 de abril de 2023

#poesíaenprimavera/5

(1902 - 1984)


JUGANDO

–¿Redonda?
                –La luna.
–¿Y redondo?
                –El sol.
–¿Redonda?
                –La bola.
–¿Redondo?
                –El balón.
–¿Redonda?
                –La fresa.
–¿Redondo?
                –El fresón.
–¿Redonda?
                –La rosca.
–¿Redondo?
                –El roscón.
–¿Redonda?
                –La lima.
–¿Redondo?
                –El limón.
–¿Redonda?
                –La plaza.
–¿Redondo?
                –El balcón.
–¿Redonda?
                –La torre.
–¿Redondo?
                –El reloj.
–¿Redonda?
                –Tu cara.
–¿Redondo?
                –Mi corazón.
–Tu corazón no es redondo.
                –Tú ¿lo ves?
–¡Claro que no!
                –Entonces, ¿cómo lo sabes?
–Porque sí.
                ¡Vaya razón!
–Es mío y sé que es redondo.
                –Pues ya no juego.
–Ni yo.

                De Canciones para todo el año (1984), en Obras completas, Hiperión, 2009


JOAQUÍN SABINA - Y nos dieron las diez

sábado, 5 de marzo de 2022

#poesíasoloenfinde/78

(1902 - 1984)


Pablo Picasso - Guernica (1937)
Museo Centro de Arte Reina Sofía, Madrid



REBELIÓN

Serán las madres las que digan: Basta.
Esas mujeres que acarrean siglos
de laboreo dócil, de paciencia,
igual que vacas mansas y seguras
que tristemente alumbran y consienten
con un mugido largo y quejumbroso
el robo y sacrificio de su cría.

Serán las madres todas rehusando
ceder sus vientres al trabajo inútil
de concebir tan sólo hacia la fosa.
De dar fruto a la vida cuando saben
que no ha de madurar entre sus ramas.

No más parir abeles y caínes.
Ninguna querrá dar pasto sumiso
al odio que supura incoercible
desde los cuatro puntos cardinales.

Cuando el amor con su rotundo mando
nos pone actividad en las entrañas
y una secreta pleamar gozosa
nos rompe la esbeltez de la cintura,
sabemos y aceptamos para el hijo
un áspero destino de herramienta,
un péndulo del júbilo a la lágrima.
Que así la vida trenza sus caminos
en plenitud de días y de pasos
hacia la muerte lícita y auténtica,
no al golpe anticipado de la ira.

¿Por qué lograr espigas que maduren
para una siega de ametralladoras?
¿Por qué llenar prisiones y cuarteles?
¿Por qué suministrar carne con nervios
al agrio espino de alambradas,
bocas al hambre y ojos al espanto?

¿Es necesario continuar un mundo
en que la sangre más fragante y pura
no vale lo que un litro de petróleo,
y el oro pesa más que la belleza,
y un corazón, un pájaro, una rosa
no tienen la importancia del uranio?


De El grito inútil (A los que no quieren escuchar, 1952) en Obras completas, Hiperión, 2009



viernes, 5 de febrero de 2021

Hijos del carbón. Noemí Sabugal

Querida Noemí: 

Permíteme que me tome dos libertades. Una, que en virtud de mi edad provecta-cómo me gusta esta palabra- te tutee. Dos, que me dirija a ti con la familiaridad propia del parentesco, como si me hubiera salido una sobrina por vía de la literatura.

Aunque, a decir verdad, parentesco tenemos más allá del literario, parentesco del que surge de las formas de vida. Parentesco del trabajo de nuestros mayores. Parentesco de la mina. Resulta que ese manido tópico de “la gran familia minera” es verdad. Y las dos somos hijas del carbón.

El caso es que yo vengo aquí a hablar de tu libro. Lo primero que oí de él fueron alabanzas incondicionales, así que recelé, porque uno de los inconvenientes de la edad provecta es una tendencia automática a recelar de la edad joven; en cuanto lo piensas un poco ves que ni siquiera es un prejuicio, sino una forma especial de envidia, hasta Rubén Darío lo sabía. Pero ¡ay, el vicio!, me faltó tiempo para pasar por la librería.

La foto de la solapa no ayuda mucho, se te ve insultantemente joven, va a ser que sí es un prejuicio, y gordo. Pero la trayectoria te avala, y luego hay un mapa de las cuencas, y un dibujo de un castillete, y, milagros de la mercadotecnia, un autógrafo de la autora. Parece que el libro, como la vida, va en serio. El índice dibuja un mapa del itinerario de tu libro viaje, con la memoria como guía, me vas cayendo bien, Noemí. Y en esa página que aloja las citas que amparan cualquier libro que se precie has invitado a Miguel Hernández y a mi amada Ángela Figuera. Estás perdonada, empiezo a no ver tu edad y a olvidar la mía.

A partir de ahí, el libro, o el viaje, o el libro viaje, se hacen con un nudo en la garganta. Ese mismo nudo que se te instala, al lado de las anginas mismamente, en el momento en que eres consciente de que tu padre se va a trabajar a un agujero del que no sabes si volverá. Cuando el turno era de día la luz y la actividad distraían, pero si tocaba trabajar de tarde o de noche el nudo se hacía presente al atardecer y no desaparecía hasta que, leyendo a escondidas en la cama, oías pasar el autocar de los mineros. Apagar la luz y afinar el oído para ver si resonaban los pasos del paisano en la carretera. Qué bien sonaban aquellos pasos. Ya podías dormir. Tregua hasta el día siguiente. Añadiré que lo mismo que los hombres no lloran, no lloraban, tampoco besaban a sus hijos al ir a trabajar; la ternura, esa blandengue, estaba mal vista. El orgullo de la reciedumbre. Esa página 55 en la que empiezas la muerte y la mina se lee con aquel nudo en la garganta.


Monumento a los mineros de Orillés muertos en la mina, 2011
 


La mina era la vida y era para toda la vida. Nunca pensamos que fuera a tener un final, la tierra sería generosa y seguiría ofreciendo vetas y vetas. Pero el final llegó y fue, es, muy duro. Porque, como muy bien muestras en tu libro, la vida de las minas, llena de luces y sombras, condicionó de manera total la vida de las familias. Tu recorrido por las diferentes cuencas muestra que no se sabe, o no se quiere, encontrar una alternativa a la mina y que lo fácil es dejarlas morir. El nudo en la garganta deja paso a la indignación cuando la investigación y la documentación dirigen tu viaje a la historia del nacimiento de las minas, de su explotación, y de su abandono. Los recuerdos propios ayudan: se es de la mina y eso hace que no hagan falta explicaciones. Padres que entraban en la mina a los catorce años, madres que lavaban en el río o en el lavadero la ropa de la mina, la compra en el economato, aquel lejanísimo campamento para hijos de mineros, aquel entierro en Turón de cuatro mineros, cuatro (y eran once las víctimas), en tu lejana adolescencia, la huelga del 62, la papeleta del carbón, el olor a fuego caliente de la cocina de carbón, el olor a humo de las chimeneas, el olor a tren del Vasco, del carbón que quemaba su máquina, el olor a ropa tendida (206), la añoranza del ganado y de la tierra. 

No lo leí de un tirón, no. En muchos momentos el nudo me ahogaba, en otros me ahogaba la indignación. Y el recelo inicial desapareció por completo. Excelente trabajo, sobrina-por-adopción-literaria-minera-o-lo-que-sea.  Excelente investigación y excelente testimonio personal. Te voy a recomendar mucho y te voy a seguir leyendo.

Tu tía adoptiva.

Noemí Sabugal - Hijos del carbón. Alfaguara, 2020




domingo, 2 de mayo de 2021

#poesíaalarmada/190

(1902 - 1984)

Amedeo Modigliani- Maternidad,1919
Musée d'Art Moderne- Lille (Francia)



LAS MADRES

Con esa carga dulce y tremenda del hijo
colgando de sus hombros o apretado en los brazos,
caminan, cruzan ríos, pantanos, espesuras.
Huyendo. Huyendo siempre sin saber hacia dónde.
Las vemos en refugios subterráneos,
en la profunda entraña de la selva,
por caminos desiertos
o en una casa en ruinas sin puerta ni tejado
cociendo un puñadito de arroz o dando el pecho.
Pero abrazando siempre, protegiendo incansables
el informe envoltorio donde asoma y reluce
como una perla oscura la carita del hijo.

Las vemos solas, mudas, con sus ojos abiertos,
opacos de dolor, interrogantes,
como esperando —¿qué? — dentro del caos.

Pero sus rostros tienen
un raro resplandor, cierta belleza
de signo sobrehumano donde late
una indomable voluntad de vida.

                                                          (Obras completas, 2009)