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| Tumba de MIGUEL HERNÁNDEZ en el cementerio de Alicante (Wikipedia) |
Foto:SVG
Michel Houellebecq
miércoles, 1 de noviembre de 2023
#lacosapoética/19
jueves, 7 de mayo de 2020
#yomequedoencasa/54
Una querencia tengo por tu acento,
una apetencia por tu compañía
y una dolencia de melancolía
por la ausencia del aire de tu viento.
Paciencia necesita mi tormento,
urgencia de tu garza galanía,
tu clemencia solar mi helado día,
tu asistencia la herida en que lo cuento.
¡Ay querencia, dolencia y apetencia!:
tus sustanciales besos, mi sustento,
me faltan y me muero sobre mayo.
Quiero que vengas, flor, desde tu ausencia,
a serenar la sien del pensamiento
que desahoga en mí su eterno rayo.
25
domingo, 14 de febrero de 2021
#poesíaalarmada/112
martes, 11 de agosto de 2020
#poesíaenverano/52
Nanas de la cebolla
La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.
En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.
Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.
Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma, al oírte,
bata el espacio.
Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.
Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.
La carne aleteante,
súbito el párpado,
y el niño como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!
Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.
Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!
Al octavo mes ríes
con cinco azahares,
con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.
Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
hincando el centro.
Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.
sábado, 27 de enero de 2024
#lacosapoética/47
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| MIGUEL HERNÁNDEZ en 1939 (Wikipedia) |
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| JONH SINGER SARGENT - Atlas y las Hespérides. Museum of Fine Arts - Boston |
domingo, 22 de mayo de 2022
#poesíasoloenfinde/103
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| Edvard Munch - El sol (1911) Lienzo montado en la pared del Aula Magna de la Universidad de Oslo |
sábado, 18 de octubre de 2025
#lacosapoética/123
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| CLARA PEETERS - Bodegón con flores, copa de plata dorada, almendras, frutos secos, dulces, panecillos, vino y jarra de peltre, óleo sobre tabla, c.1611. Propiedad del Museo Nacional del Prado |
sábado, 29 de marzo de 2025
#lacosapoética/112
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| EDVARD MUNCH - El beso junto a la ventana, 1892 Museo Munch Oslo. Foto vía Wikimedia Commons |
lunes, 30 de marzo de 2020
#yomequedoencasa/16
Miguel Hernández
A un cordero que es entre los rebaños
lo que un muchacho hermoso entre la gente
lo quiero con cariño diferente,
más propio de un rapaz que de mis años.
Come en mi mano; bebe de los caños
de metal renegrido de la fuente;
me bala, y su balido sonriente
inunda de dulzor los aledaños.
Esta mañana en que yo estoy bordando
grecas en un mantel, y canta el tordo,
y mi cordero bala casi hablando,
mientras él bala y brilla el sol y bordo,
me pregunto si lo querré igual cuando
envejezca y se vuelva fuerte y gordo.
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| (EFE) |
martes, 26 de enero de 2021
#poesíaalarmada/93
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| Revista Gallo, fundada por Federico |
martes, 22 de septiembre de 2020
#poesíasiempre/22
miércoles, 6 de enero de 2021
#poesíaalarmada/73
viernes, 5 de febrero de 2021
Hijos del carbón. Noemí Sabugal
Querida Noemí:
Permíteme que me tome dos libertades. Una, que en virtud de mi edad provecta-cómo me gusta esta palabra- te tutee. Dos, que me dirija a ti con la familiaridad propia del parentesco, como si me hubiera salido una sobrina por vía de la literatura.
Aunque, a decir verdad, parentesco tenemos más allá del literario, parentesco del que surge de las formas de vida. Parentesco del trabajo de nuestros mayores. Parentesco de la mina. Resulta que ese manido tópico de “la gran familia minera” es verdad. Y las dos somos hijas del carbón.
El caso es que yo vengo aquí a hablar de tu libro. Lo primero que oí de él fueron alabanzas incondicionales, así que recelé, porque uno de los inconvenientes de la edad provecta es una tendencia automática a recelar de la edad joven; en cuanto lo piensas un poco ves que ni siquiera es un prejuicio, sino una forma especial de envidia, hasta Rubén Darío lo sabía. Pero ¡ay, el vicio!, me faltó tiempo para pasar por la librería.
La foto de la solapa no ayuda mucho, se te ve insultantemente joven, va a ser que sí es un prejuicio, y gordo. Pero la trayectoria te avala, y luego hay un mapa de las cuencas, y un dibujo de un castillete, y, milagros de la mercadotecnia, un autógrafo de la autora. Parece que el libro, como la vida, va en serio. El índice dibuja un mapa del itinerario de tu libro viaje, con la memoria como guía, me vas cayendo bien, Noemí. Y en esa página que aloja las citas que amparan cualquier libro que se precie has invitado a Miguel Hernández y a mi amada Ángela Figuera. Estás perdonada, empiezo a no ver tu edad y a olvidar la mía.
A partir de ahí, el libro, o el viaje, o el libro viaje, se hacen con un nudo en la garganta. Ese mismo nudo que se te instala, al lado de las anginas mismamente, en el momento en que eres consciente de que tu padre se va a trabajar a un agujero del que no sabes si volverá. Cuando el turno era de día la luz y la actividad distraían, pero si tocaba trabajar de tarde o de noche el nudo se hacía presente al atardecer y no desaparecía hasta que, leyendo a escondidas en la cama, oías pasar el autocar de los mineros. Apagar la luz y afinar el oído para ver si resonaban los pasos del paisano en la carretera. Qué bien sonaban aquellos pasos. Ya podías dormir. Tregua hasta el día siguiente. Añadiré que lo mismo que los hombres no lloran, no lloraban, tampoco besaban a sus hijos al ir a trabajar; la ternura, esa blandengue, estaba mal vista. El orgullo de la reciedumbre. Esa página 55 en la que empiezas la muerte y la mina se lee con aquel nudo en la garganta.
| Monumento a los mineros de Orillés muertos en la mina, 2011 |
La mina era la vida y era para toda la vida. Nunca pensamos que fuera a tener un final, la tierra sería generosa y seguiría ofreciendo vetas y vetas. Pero el final llegó y fue, es, muy duro. Porque, como muy bien muestras en tu libro, la vida de las minas, llena de luces y sombras, condicionó de manera total la vida de las familias. Tu recorrido por las diferentes cuencas muestra que no se sabe, o no se quiere, encontrar una alternativa a la mina y que lo fácil es dejarlas morir. El nudo en la garganta deja paso a la indignación cuando la investigación y la documentación dirigen tu viaje a la historia del nacimiento de las minas, de su explotación, y de su abandono. Los recuerdos propios ayudan: se es de la mina y eso hace que no hagan falta explicaciones. Padres que entraban en la mina a los catorce años, madres que lavaban en el río o en el lavadero la ropa de la mina, la compra en el economato, aquel lejanísimo campamento para hijos de mineros, aquel entierro en Turón de cuatro mineros, cuatro (y eran once las víctimas), en tu lejana adolescencia, la huelga del 62, la papeleta del carbón, el olor a fuego caliente de la cocina de carbón, el olor a humo de las chimeneas, el olor a tren del Vasco, del carbón que quemaba su máquina, el olor a ropa tendida (206), la añoranza del ganado y de la tierra.
No lo leí de un tirón, no. En muchos momentos el nudo me ahogaba, en otros me ahogaba la indignación. Y el recelo inicial desapareció por completo. Excelente trabajo, sobrina-por-adopción-literaria-minera-o-lo-que-sea. Excelente investigación y excelente testimonio personal. Te voy a recomendar mucho y te voy a seguir leyendo.
Tu tía adoptiva.
Noemí Sabugal - Hijos del carbón. Alfaguara, 2020










