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"Vivir sin leer es peligroso, porque obliga a conformarse con la vida"
Michel Houellebecq




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miércoles, 1 de noviembre de 2023

#lacosapoética/19

(1910 - 1942)

Tumba de MIGUEL HERNÁNDEZ en el cementerio de Alicante (Wikipedia)

Elegía 
               (En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien tanto quería)

    Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

    Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas

    daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

    Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

    No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

    Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

    Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

    No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

    En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

    Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

    Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

    Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

    de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

    Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

    Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

    A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

                                            (10 de enero de 1936, El rayo que no cesa)



JOAN MANUEL SERRAT - Elegía (Sobre un poema de Miguel Hernández)

jueves, 7 de mayo de 2020

#yomequedoencasa/54


                           12

Una querencia tengo por tu acento,
una apetencia por tu compañía
y una dolencia de melancolía
por la ausencia del aire de tu viento.

Paciencia necesita mi tormento,
urgencia de tu garza galanía,
tu clemencia solar mi helado día,
tu asistencia la herida en que lo cuento.

¡Ay querencia, dolencia y apetencia!:
tus sustanciales besos, mi sustento,
me faltan y me muero sobre mayo.

Quiero que vengas, flor, desde tu ausencia,
a serenar la sien del pensamiento
que desahoga en mí su eterno rayo.

                                     Miguel Hernández. El rayo que no cesa (enero de 1936) 






             25

Llegó con tres heridas:
la del amor,
la de la muerte,
la de la vida.

Con tres heridas viene:
la de la vida,
la del amor,
la de la muerte.

Con tres heridas yo:
la de la vida,
la de la muerte,
la del amor.
                       Cancionero y romancero de ausencias (1939-1941




                                 Homenaje a Miguel Hernández en su 75 aniversario






domingo, 14 de febrero de 2021

#poesíaalarmada/112

(1910 - 1942)


Vincent van Gogh - Dos amantes (fragmento) 1888 Colección privada



Soneto Final

Por desplumar arcángeles glaciales,
la nevada lilial de esbeltos dientes
es condenada al llanto de las fuentes
y al desconsuelo de los manantiales.

Por difundir su alma en los metales,
por dar el fuego al hierro sus orientes,
al dolor de los yunques inclementes
lo arrastran los herreros torrenciales.

Al doloroso trato de la espina,
al fatal desaliento de la rosa
y a la acción corrosiva de la muerte

arrojado me veo, y tanta ruina
no es por otra desgracia ni por otra cosa
que por quererte y sólo por quererte.



                                   De «El rayo que no cesa», 1936
                                   Recogido en Miguel Hernández – Poesía esencial





Luz Casal - Historia de un amor

martes, 11 de agosto de 2020

#poesíaenverano/52






Nanas de la cebolla

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma, al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
y el niño como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares,
con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
hincando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.
               (Poesía esencial. Miguel Hernández. Alianza Literaria, 2017)



Alberto Cortez y Joan Manuel Serrat. Nanas de la cebolla.

sábado, 27 de enero de 2024

#lacosapoética/47

(1910 - 1942)

MIGUEL HERNÁNDEZ en 1939 (Wikipedia)


JONH SINGER SARGENT - Atlas y las Hespérides.
Museum of Fine Arts - Boston


Tu corazón, una naranja helada

Tu corazón, una naranja helada
con un dentro sin luz de dulce miera
y una porosa vista de oro: un fuera
venturas prometiendo a la mirada.
 
Mi corazón, una febril granada
de agrupado rubor y abierta cera,
que sus tiernos collares te ofreciera
con una obstinación enamorada.
 
¡Ay, qué acometimiento de quebranto
ir a tu corazón y hallar un hielo
de irreductible y pavorosa nieve!
 
Por los alrededores de mi llanto
un pañuelo sediento va de vuelo
con la esperanza de que en él lo abreve.

                                De El rayo que no cesa (1934-1935), en Poesía esencial. Alianza Editorial, 2017



NACHO VEGAS - El corazón helado

domingo, 22 de mayo de 2022

#poesíasoloenfinde/103

(1910 - 1942)

Edvard Munch - El sol (1911)
Lienzo montado en la pared del Aula Magna de la Universidad de Oslo



Soneto 2

¿No cesará este rayo que me habita
el corazón de exasperadas fieras
y de fraguas coléricas y herreras
donde el metal más fresco se marchita?

¿No cesará esta terca estalactita
de cultivar sus duras cabelleras
como espadas y rígidas hogueras
hacia mi corazón que muge y grita?

Este rayo ni cesa ni se agota:
de mí mismo tomó su procedencia
y ejercita en mí mismo sus furores.

Esta obstinada piedra de mí brota
y sobre mí dirige la insistencia
de sus lluviosos rayos destructores.

                        De El rayo que no cesa (1936) en Poesía esencial, Alianza Editorial, 2017



Vangelis - Conquest of paradise, de la película 1492: La conquista del paraíso (1992)

sábado, 18 de octubre de 2025

#lacosapoética/123

MIGUEL HERNÁNDEZ
(1910-1942)

CLARA PEETERS - Bodegón con flores, copa de plata dorada, almendras, frutos secos, dulces, panecillos, vino y jarra de peltre, óleo sobre tabla, c.1611.
Propiedad del Museo Nacional del Prado


UVAS, GRANADAS, DÁTILES

 Uvas,  granadas, dátiles,
doradas, rojas, rojos,
hierbabuena del alma,
azafrán de los poros.
 
Uvas como tu frente,
 uvas como tus ojos.
Granadas con la herida
de tu florido asombro,
dátiles con tu esbelta
ternura sin retorno,
azafrán, hierbabuena
llueve a grandes chorros
sobre la mesa pobre,
gastada, del otoño,
muerto que te derramas
muerto que yo conozco,
muerto frutal, caído
con octubre en los hombros.
                                            De Iletrado oficial


JOSÉ LUIS PERALES - Canción de otoño


sábado, 29 de marzo de 2025

#lacosapoética/112

(1910-1942)

EDVARD MUNCH - El beso junto a la ventana, 1892
Museo Munch Oslo. Foto vía Wikimedia Commons


25

Llegó con tres heridas:
la del amor,
la de la muerte,
la de la vida.

Con tres heridas viene:
la de la vida,
la del amor,
la de la muerte.

Con tres heridas yo:
la de la vida,
la de la muerte,
la del amor.


De Cancionero y romancero de ausencias (1939-1941)




ROSANA - Si tú no estas aquí

lunes, 30 de marzo de 2020

#yomequedoencasa/16



Pastoral
                                                      A la serena duerme mi ganado...
                                                                                   Miguel Hernández


A un cordero que es entre los rebaños
lo que un muchacho hermoso entre la gente
lo quiero con cariño diferente,
más propio de un rapaz que de mis años.

Come en mi mano; bebe de los caños
de metal renegrido de la fuente;
me bala, y su balido sonriente
inunda de dulzor los aledaños.

Esta mañana en que yo estoy bordando
grecas en un mantel, y canta el tordo,
y mi cordero bala casi hablando,

mientras él bala y brilla el sol y bordo,
me pregunto si lo querré igual cuando
envejezca y se vuelva fuerte y gordo.



(EFE)



https://www.youtube.com/watch?v=30aUIbqCRGw
















martes, 26 de enero de 2021

#poesíaalarmada/93

(1898-1936)

Revista Gallo, fundada por Federico


El lagarto está llorando

                                            A mademoiselle Teresita Guillén
                                            tocando un piano de siete notas.

El lagarto está llorando.
La lagarta está llorando.

El lagarto y la lagarta
con delantaritos blancos.

Han perdido sin querer
su anillo de desposados.

¡Ay, su anillito de plomo,
ay, su anillito plomado!

Un cielo grande y sin gente
monta en su globo a los pájaros.

El sol, capitán redondo,
lleva un chaleco de raso.

¡Miradlos qué viejos son!
¡Qué viejos son los lagartos!

Ay cómo lloran y lloran.
¡ay! ¡ay!, cómo están llorando!

                                      CANCIONES PARA NIÑOS (Canciones 1921-1924)



Carmen Linares- Canción de los vendimiadores (Miguel Hernández)

martes, 22 de septiembre de 2020

#poesíasiempre/22



POEMA 9

Fuera menos penado si no fuera
nardo tu tez para mi vista, nardo,
cardo tu piel para mi tacto, cardo,
tuera tu voz para mi oído, tuera.

Tuera es tu voz para mi oído, tuera,
y ardo en tu voz y en tu alrededor ardo,
y tardo a arder lo que a ofrecerte tardo
miera, mi voz para la tuya, miera.

Zarza es tu mano si la tiento, zarza,
ola tu cuerpo si lo alcanzo, ola,
cerca una vez pero un millar no cerca.

Garza es mi pena, esbelta y triste garza,
Sola como un suspiro y un ay, sola,
Terca en su error y en su desgracia terca.



Dionne Warwick. What The World Needs Now







miércoles, 6 de enero de 2021

#poesíaalarmada/73

(1910 - 1942)


LAS DESIERTAS ABARCAS 
                                     (en Poesía esencial, Alianza Literaria, 2017)

   Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

   Y encontraba los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

   Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos, 
siempre penas y cabras.

   Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río,
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.

   Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.



   Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

   Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.

   Toda gente de trono,
toda gente de botas
se rio con encono
de mis abarcas rotas.

   Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y unos hombres de miel.

   Por el cinco de enero,
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.

   Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.



Vienen tres Reyes Magos. Villancico en Asturiano. 
Letra y música de Sor Canción
Versión de NUBERU

viernes, 5 de febrero de 2021

Hijos del carbón. Noemí Sabugal

Querida Noemí: 

Permíteme que me tome dos libertades. Una, que en virtud de mi edad provecta-cómo me gusta esta palabra- te tutee. Dos, que me dirija a ti con la familiaridad propia del parentesco, como si me hubiera salido una sobrina por vía de la literatura.

Aunque, a decir verdad, parentesco tenemos más allá del literario, parentesco del que surge de las formas de vida. Parentesco del trabajo de nuestros mayores. Parentesco de la mina. Resulta que ese manido tópico de “la gran familia minera” es verdad. Y las dos somos hijas del carbón.

El caso es que yo vengo aquí a hablar de tu libro. Lo primero que oí de él fueron alabanzas incondicionales, así que recelé, porque uno de los inconvenientes de la edad provecta es una tendencia automática a recelar de la edad joven; en cuanto lo piensas un poco ves que ni siquiera es un prejuicio, sino una forma especial de envidia, hasta Rubén Darío lo sabía. Pero ¡ay, el vicio!, me faltó tiempo para pasar por la librería.

La foto de la solapa no ayuda mucho, se te ve insultantemente joven, va a ser que sí es un prejuicio, y gordo. Pero la trayectoria te avala, y luego hay un mapa de las cuencas, y un dibujo de un castillete, y, milagros de la mercadotecnia, un autógrafo de la autora. Parece que el libro, como la vida, va en serio. El índice dibuja un mapa del itinerario de tu libro viaje, con la memoria como guía, me vas cayendo bien, Noemí. Y en esa página que aloja las citas que amparan cualquier libro que se precie has invitado a Miguel Hernández y a mi amada Ángela Figuera. Estás perdonada, empiezo a no ver tu edad y a olvidar la mía.

A partir de ahí, el libro, o el viaje, o el libro viaje, se hacen con un nudo en la garganta. Ese mismo nudo que se te instala, al lado de las anginas mismamente, en el momento en que eres consciente de que tu padre se va a trabajar a un agujero del que no sabes si volverá. Cuando el turno era de día la luz y la actividad distraían, pero si tocaba trabajar de tarde o de noche el nudo se hacía presente al atardecer y no desaparecía hasta que, leyendo a escondidas en la cama, oías pasar el autocar de los mineros. Apagar la luz y afinar el oído para ver si resonaban los pasos del paisano en la carretera. Qué bien sonaban aquellos pasos. Ya podías dormir. Tregua hasta el día siguiente. Añadiré que lo mismo que los hombres no lloran, no lloraban, tampoco besaban a sus hijos al ir a trabajar; la ternura, esa blandengue, estaba mal vista. El orgullo de la reciedumbre. Esa página 55 en la que empiezas la muerte y la mina se lee con aquel nudo en la garganta.


Monumento a los mineros de Orillés muertos en la mina, 2011
 


La mina era la vida y era para toda la vida. Nunca pensamos que fuera a tener un final, la tierra sería generosa y seguiría ofreciendo vetas y vetas. Pero el final llegó y fue, es, muy duro. Porque, como muy bien muestras en tu libro, la vida de las minas, llena de luces y sombras, condicionó de manera total la vida de las familias. Tu recorrido por las diferentes cuencas muestra que no se sabe, o no se quiere, encontrar una alternativa a la mina y que lo fácil es dejarlas morir. El nudo en la garganta deja paso a la indignación cuando la investigación y la documentación dirigen tu viaje a la historia del nacimiento de las minas, de su explotación, y de su abandono. Los recuerdos propios ayudan: se es de la mina y eso hace que no hagan falta explicaciones. Padres que entraban en la mina a los catorce años, madres que lavaban en el río o en el lavadero la ropa de la mina, la compra en el economato, aquel lejanísimo campamento para hijos de mineros, aquel entierro en Turón de cuatro mineros, cuatro (y eran once las víctimas), en tu lejana adolescencia, la huelga del 62, la papeleta del carbón, el olor a fuego caliente de la cocina de carbón, el olor a humo de las chimeneas, el olor a tren del Vasco, del carbón que quemaba su máquina, el olor a ropa tendida (206), la añoranza del ganado y de la tierra. 

No lo leí de un tirón, no. En muchos momentos el nudo me ahogaba, en otros me ahogaba la indignación. Y el recelo inicial desapareció por completo. Excelente trabajo, sobrina-por-adopción-literaria-minera-o-lo-que-sea.  Excelente investigación y excelente testimonio personal. Te voy a recomendar mucho y te voy a seguir leyendo.

Tu tía adoptiva.

Noemí Sabugal - Hijos del carbón. Alfaguara, 2020