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"Vivir sin leer es peligroso, porque obliga a conformarse con la vida"
Michel Houellebecq




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jueves, 9 de abril de 2015

UN OTOÑO ROMANO


 “Y yo, ¿cómo me voy? Afuera no alumbra la luna llena y hay frío y lluvia invernales.” Así se despide Javier Reverte de su otoño romano, recordando la noche de luna llena en que otro viajero, Ovidio, tuvo que dejar la ciudad que amaba para partir a su destierro rumano de Constanza.

 Y yo ¿cómo me voy? ¿ cómo termino la lectura de este libro que me permitió acompañar al autor por una ciudad amada? Con nostalgia, con melancolía y con la esperanza de que la moneda arrojada a la fontana de Trevi me compre el billete de vuelta a Roma. Mientras eso sucede, es un placer acompañar a Javier Reverte en sus paseos romanos y reconocer lugares y emociones vividas, aunque no en otoño, sino en un inclemente agosto.


El autor vive temporalmente en la Real Academia de España en Roma mientras escribe su libro y recorre la ciudad siguiendo tanto sus propios itinerarios como los pasos de otros viajeros ilustres que disfrutaron de Roma, la amaron y dejaron testimonio escrito de sus estancias en ella.
De septiembre a diciembre Reverte recorre calles y plazas, museos y jardines, restaurantes y cafés y de todo ello deja en el papel constancia, así como  de las emociones y sentimientos que experimenta. Comparte con sus lectores su mirada sobre un bocadillo de porcheta, un grupo de jóvenes que se pasean o una escultura de Miguel Ángel y en todos los casos cumple la función de lazarillo que ayuda a transitar por el mejor lugar posible. La Roma conocida emerge con complacencia de la memoria y la Roma desconocida susurra al oído de la lectora sugerentes cantos de sirena para suscitar su interés.

Y los cantos de sirena llevan irremediablemente a Ulises y a otro libro de Javier Reverte, Corazón de Ulises. No voy a releerlo para hablar de él. Me basta con el recuerdo de las emociones removidas por su lectura aunque no pueda recordar el itinerario seguido por el autor. En mi ejemplar había un mapa del Mediterráneo dibujado a mano alzada con el recorrido realizado por el viajero y su hijo. La presencia del hijo añade al libro otra mirada que completa la del hombre adulto que recorre los caminos de aquel Odiseo que, de la mano de Homero, se empeñó en identificar vida y viaje y que nos empujó a llegar a Ítaca, cada uno a nuestra Ítaca.
Grecia y Roma. Siempre estarán en nuestro origen y serán una etapa deseada en nuestro viaje. En nuestra vida.


Un otoño romano. Javier Reverte. Plaza Janés Editores, Barcelona, 2014
Corazón de Ulises. Javier Reverte. Círculo de lectores, 2000; Debolsillo, 2013

martes, 13 de febrero de 2024

NAJAT El-HACHMI. Madre de leche y miel.

    Una friki. Parecía una friki del libro electrónico. ¿Todavía se usará friki? Que a estas edades se pierde mucho contacto con la realidad y a lo peor ya nadie usa esa palabra y se me va a notar el carné de identidad. Pues eso, una friki, todo el día con el chisme electrónico p’acá y p’allá. En la sala de espera del dentista se me colgó y estuve a punto de volver a morderme las uñas, después de tantos años de abstinencia. Pero el libro aquel lo merecía.

    No es que no haya leído nada en estos últimos meses. Como hago siempre, leí de todo y mezclado, un revuelto de cosas estupendas y otras que ni siquiera mencionaré. Javier Reverte siempre me apetece desde aquel lejano Corazón de Ulises, el libro con el que lo descubrí. Ahora leí La frontera invisible. Con pena, porque fue su último libro publicado, escrito cuando ya estaba enfermo, y me pareció notar un poco de esa melancolía que les suponemos a los finales. Un recorrido en solitario, como todos los suyos, desde el Bósforo hasta Mascate, desde Estambul hasta el oriente fértil aquel de las clases de historia; un viaje que enseña tanto como una buena clase de historia. Y después, para desengrasar, un simenon, que es siempre una buena opción, en este caso, Maigret y la vieja dama.

    Y si una amiga, que no voy a nombrar porque ella no querría salir en estos papeles, una excelente amiga de esas que tengo en mi almáciga, me regala una edición preciosa de Memorial del convento pues qué le voy a hacer, volver a leer el Memorial del convento y volver a disfrutar de una escritura magnífica, y comprobar, una vez más, que no se es la misma persona que la que lo leyó hace equis años, que vamos cambiando según vamos viviendo; como lo del río aquel del filósofo griego, vaya.

    Y si otra amiga, del mismo calibre que la anterior, te regala lo último de Ángeles Caso, Las desheredadas, pues, hala, a disfrutar como gorrino en lodazal. Con el estilo fluido que la caracteriza y que incita a leer sin descanso, Ángeles Caso se ocupa en este ensayo de grandes mujeres creadoras de los siglos XVIII y XIX que fueron ninguneadas por la historia oficial, esas mujeres que no solo no aparecen en los libros de filosofía, de literatura o de arte, relegadas al olvido, sino que, en su propio momento vital recibieron el rechazo de muchos de sus colegas varones a pesar del éxito que lograban en su desempeño profesional. Produce vergüenza ajena que Emilia Pardo Bazán no lograra entrar en la Academia porque a ese hatajo de encumbrados escritores realistas con los que tenía buena relación no les apeteció admitirla, no fuera a ser que no pudieran tener en la docta casa esas elevadas y nobles conversaciones de varones en taberna. Ese ilustre señor Palacio Valdés, el no menos ilustre señor Pereda, el respetadísimo señor Clarín, que añadió al rechazo el insulto en la prensa. Y si vamos a la Frans, la de la libertad, la fraternidad y la igualdad, vemos que una pintora tan notable y respetada en su país y en el extranjero, como Élisabeth Vigée-Le Brun solo pudo acceder a la Academia Real de Pintura y Escultura por orden del rey, presionado por María Antonieta. Excelente el libro de Ángeles Caso. ¿Para cuándo la reedición de Las olvidadas?

    Me encaldo, como decimos en mi tierra, así que será mejor volver a la friki en la que me estoy convirtiendo. 


    No me gusta leer en dispositivos electrónicos. No se lee solo con los ojos, se lee también con el tacto del papel, con su olor, con su aspereza o suavidad. El peso del libro en la mano también ayuda a la comprensión lectora, y volver páginas atrás para recuperar ideas o para repetir el disfrute de algún párrafo aumenta el placer de la lectura. Y llenar las hojas de rayajos con un lapicero Staedtler Noris HB número dos (de acuerdo, vale cualquier otro) también. Pero la vida moderna tiene alguna cosa buena, no os vayáis a creer, y un libro-e, aunque te priva de todo lo anterior, te permite llevarlo contigo con poco peso y poco volumen; además puedes leer libros de la biblioteca pública a través de e-biblio, así que el sacrificio puede merecer la pena en ocasiones. ¿Cómo que qué es un libro-e o un e-libro? Pues ese chisme mal llamado e-book. Juraría que tenemos suficientes palabras como para bautizarlo. 

    Y la friki, el año pasado, se compró un e-libro para emergencias. La primera fue Middlesex. La última se llama Madre de leche y miel. Conocía a Najat El-Hachmi por sus artículos en la prensa y sentía curiosidad por un texto suyo de 2004, Yo también soy catalana. Hace tiempo supe de su novela Madre de leche y miel, que ocupaba su sitio en una libretina de esas que nunca miro cuando voy de librerías. Luego ganó el premio Nadal en 2021 con El lunes nos querrán. Así es que se estaba convirtiendo en una emergencia de lectura y, como no la encontré en mis librerías de referencia, que ya les vale, recurrí al engendro tecnológico.

    Preciosa. O precioso. Porque parece una novela, pero las vivencias de la autora y de su madre están en el libro, o le sirven de inspiración, porque ¿quién sabe lo que hay de realidad, de experiencia personal, en un libro como este? Najat El-Hachmi emigró con su madre a Cataluña, donde ya estaba su padre. Ella era una niña. Esa es la situación que comparte con los personajes de su novela, con Sara.

    Ichata, Zraizmas, Fátima, Sara. Cadena de madres de hijas. Ichata, Zraizmas, madres de leche y miel. Fátima, madre de leche. Sara… Porque todas las madres pueden dar leche, pero no todas saben dar miel, como dice la cita de Erich Fromm que encabeza el libro. Madres, hijas, mujeres en un mundo de varones, de encierro, de hostilidad. Madres, hijas, mujeres fuertes que pueden convertirse en hombres. Mujeres separadas de su familia para entrar en la del marido y que sea lo que dios quiera:

    “¿Cómo podía ser ley de vida que la hija que le había nacido del vientre, a quien había amamantado, que había criado con todos los sustos y sufrimientos de hacer crecer una criatura, que le había hecho compañía y de quien sentía la piel como si fuera propia, cómo podía ser que ahora se tuviera que marchar a casa de unos desconocidos y quedarse a vivir allí para siempre? Si tenían suerte y eran buena gente, compasivos y generosos, la hija visitaría de vez  en cuando a su madre, y la madre la podría ir a ver como hacía Ichata con Zraizmas, pero ya no estarían nunca más la una con la otra; serían para siempre invitadas la una en casa de la otra, sin un lugar común y propio para compartir.”

    Fátima, después de varios años en Cataluña, de donde solo una vez volvió de visita, regresa a casa de su padre y cuenta a su madre y a sus hermanas todas las penalidades y las alegrías de su nueva vida para pedirles ayuda con una determinada situación y para hacerlas partícipes de sus errores y del porqué de las decisiones que tomó en cada momento. Su relato es la transcripción, por así decir, de un relato oral, Fátima no sabe leer ni escribir, y es heredera de una buena estirpe de narradoras orales: los capítulos en los que se oye su voz reflejan la autenticidad de la experiencia en primera persona, con todo el atractivo de los relatos orales tradicionales de su lugar de origen, el Rif, incluidas las repeticiones, la musicalidad o la lentitud. Fátima responde a la petición de sus hermanas: “Nárranos, dulce hermana, nárranos.” ¿Cómo evitar que se nos venga a la cabeza el “Háblame, musa, de aquel varón”? La narración oral, siempre tan atractiva.

    La voz narradora de Fátima se alterna en capítulos con una voz narradora oficial, tradicional, que completa su historia y la de su familia. Y empieza con un capítulo titulado “Salir de madre”, donde vemos el destete de Fátima o cómo esta sale de su madre; pues hasta los dos años lunares de la niña, era una con Zraizmas, su madre y a partir de ahora saldrá de ella, serán dos. ¿A que ya se intuye la poesía, la magia del relato? Duro, tierno, irónico, testimonio de una manera de vivir que no nos gusta, testimonio de una cultura que se basa en el ninguneo de las mujeres y, a la vez, en su fortaleza.

    Sé que ya picasteis, que ya estáis corriendo a la biblioteca a buscar el libro. Objetivo cumplido. Por si todavía no lo conseguí, ahí van otras palabras de Fátima que hacen innecesarias todas las demás:

    “ya empezaba a pensar, hermanas, que nuestra desdicha de mujeres tenía mucho que ver con nuestra falta de educación, que si yo hubiera sabido leer mis circunstancias quizá habrían sido muy diferentes.”

    Así que sí, parecía una friki del e-libro. No lo podía soltar de la mano mientras duró la lectura. Porque la lectura es un vicio exigente y no importa cuál sea el soporte, papel o pantalla. 

         Pero si me pedís que elija entre papá y mamá, mi corazón pertenece al libro de papel. Perdonadme, bosques.


Najat El Hachmi. Madre de leche y miel. Editorial Destino.

Ángeles Caso. Las desheredadas. Editorial Lumen.

Javier Reverte. La frontera invisible. Editorial Plaza y Janés.

Simenon. Maigret y la vieja dama. Editorial Anagrama Acantilado

José Saramago. Memorial del convento. Edición especial para Liberia Lello, Oporto


P.S. 

    ¿Qué con qué estoy ahora?  Margaret Laurence. El ángel de piedra.

Promete, sí.






sábado, 14 de marzo de 2020

Kallifatides: palabras de Esquilo



Después de las seiscientas páginas de Americanah y de las quinientas, entre los dos, de El arte de volar y El ala rota, que me tuvieron zascandileando con intensidad de Nigeria a Estados Unidos y de Peñaflor a Francia, después del torrente de emociones provocadas por los tres libros, después de tanta intensidad y borrachera lectoras ¿qué voy a leer yo? Sé que me entendéis: se queda una enredada en el ánimo de los personajes a los que conoció y acompañó, cree ser su amiga y se resiste a abandonarlos. ¿Abandonarlos? No seas presuntuosa, no te necesitan para nada, eres tú la que quiere disfrutar de ellos un ratito más.
Pero el vicio solitario de la lectura tiene poca conciencia de la lealtad y en seguida se pone a buscar sustitutos. Claro que no es fácil. A ver este, que lleva esperando tanto tiempo, de qué irá, Sus ojos en mí, precioso título; a ver, a ver, qué es eso de que Gracián y Santa Teresa tuvieron un afaire; pero si son de diferente siglo. Y resulta ser otro Gracián, un tal Jerónimo, fraile descalzo y talentazo, además de guapo, que encandiló a la santa, quien, enamoradiza, puso sus ojos en él. No pinta mal, Fernando Delgado, pero no es eso lo que busco ahora. Lo voy a dejar en la estantería esperando mejores tiempos, otro par de años, por ejemplo, y me voy a dar una vuelta para despejarme.
Una vuelta que se precie casi siempre incluye entrar en una librería. (Recordaré el año de la crisis del papel higiénico por la imposibilidad de “dar una vuelta”, ay, señor) Y en esas vueltas, si dios no lo remedia, siempre “cae” algo. O dos.
Y aquí están, cual puerta de Alcalá, para que yo en vez de ver pasar el tiempo disfrute de él.


Theodor Kallifatides. Este va a ser griego pero el paisaje nevado de la portada no cuadra bien con la Grecia que imagino. Dale la vuelta, a ver de qué va. Y allí está la provocación: “Nadie debería escribir después de los setenta y cinco años”, le dice un amigo al autor. Pobre Theodor, para qué quieres amigos así.
Autor griego, emigrado a Suecia en los sesenta, en los tiempos en que la inestabilidad política del país llevaría al golpe de los coroneles. Cambió el griego por el sueco, se casó con una sueca (muérete de envida, Alfredolanda), tuvo hijos suecos a los que no quiso hablar en griego, escribió toda su obra en sueco, y, un día aciago, descubre que es incapaz de escribir, pero que no puede vivir sin escribir. Y es cuando el amigo intenta animarlo. Tenía pendiente un homenaje en la escuela de su pueblo, Molaoi, y vuelve a Grecia con su mujer. Los niños de la escuela interpretan a Esquilo. Las palabras de Esquilo. En griego.
Apenas ciento cuarenta páginas de sabiduría, indagación interior y emociones contenidas. Viaje exterior y viaje interior. Y claro que acaba bien y recupera su escritura, pero lo importante es el camino desandado para llegar a encontrar su sitio, la lengua, el griego. Este libro pasa directamente a colocarse entre mis pequeños tesoros.


Ya había pagado, pero un ojo quería como irse por su cuenta ; cuando intentaba sujetarlo me guio hasta Javier Reverte que acaba de presentar su viaje a Venecia, Trieste y Sicilia. La mano sigue al ojo y entre los dos llevan el libro a la caja registradora, qué se le va a hacer.
Corazón de Ulises fue el primer libro de Javier Reverte que cayó en mis manos y en ellas sigue, con otros que escribió después. Este, Suite italiana, dice ser un viaje literario con Thomas Mann, Joyce, Rilke y Lampedusa. Estoy en ello, me lancé de cabeza. No sé si me apetecerá escribir algo sobre él cuando lo termine. No importa, no hace falta; ya sé, pasadas unas docenas de páginas, que me va a gustar mucho, que voy a disfrutar de ese viaje. No es que haya olvidado a Antonio y a Petra, ni a Ifemelu y Obinze, es que puedo pensar en ellos con alegría y, al mismo tiempo, puedo hacer sitio a nuevos personajes reales o de ficción; para todos tengo sitio en mi corazón lector. Objetivo conseguido.

Otra vida por vivir
Theodor Kallifatides
Galaxia Gutenberg, 2019

Suite Italiana
Javier Reverte
Plaza Janés, 2020

domingo, 18 de julio de 2021

#poesíasoloenfinde⁄2

Premio de la Crítica 2019 por Matria
 Accésit en el Premio Adonáis 2005 por  Diario de un destello



Joan Miró - Cifras y constelaciones enamorados de una mujer, 1941
Instituto de Arte de Chicago




LA LOCA MÁS CUERDA

¿Quién es el ser humano más libre de la Tierra?
¿Quién es capaz de nacer más de una vez?
¿Quién habla con los árboles? ¿Quién llueve?
¿Quién viaja hasta el umbral de otra galaxia?
¿Quién comparte las aguas con las ninfas?
¿Quién ambiciona un tiempo sin subordinación?
¿Quién traspasa un espejo? ¿Quién es el espejo?
¿Quién brinda con Ulises en el puerto de Ítaca?
¿Quién sobrevive ileso a una tormenta dentro del corazón?
¿Quién desposa al destino? ¿Quién corteja a la muerte?
¿Quién emprende una gesta aun a sabiendas de una derrota cierta?
¿Quién para con su mano los relámpagos de un dios?
¿Quién sueña con androides que soñaban con ovejas eléctricas?
¿Quién ha visto su alma? ¿Quién vence a los molinos?
¿Quién tiene largos trenes recorriendo la estepa de sus venas?

¿Con quién es comparable la belleza del fuego?
¿A quién le pertenece lo que no es de nadie?
¿Por quién siguen doblando las campanas?

¿Quién puede competir con la imaginación?

                                    (De Matria.  Ed.Visor Libros, 2018)



John Lennon and The Plastic Ono Band - Imagine