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"Vivir sin leer es peligroso, porque obliga a conformarse con la vida"
Michel Houellebecq




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sábado, 9 de marzo de 2024

#lacosapoética/59

Punjab, 1992

Rupi Kaur, poeta y artista canadiense



Antonio Fraguas, "FORGES" - El País, 7 de marzo de 1997



cuando los niños en el colegio me preguntaban
dónde trabajaba mi mamá
yo les mentía y les decía en la fábrica
como el resto de las mamás
me daba demasiada vergüenza admitir
que no tenía un trabajo “de verdad”
aunque “mamá que se queda en casa” significase
conductora
cocinera
secretaria
tutora
limpiadora
mejor amiga
de cuatro niños y
la definición de trabajo “de verdad” que tiene el mundo
no se acerca siquiera a cubrir todo eso

-valía


                      rupi kaur: todo lo que necesito existe ya en mí. Traducción: Elvira Sastre. Edit. Seix Barral, 2021


LUZ CASAL - No aguanto más

domingo, 9 de enero de 2022

#poesíasoloenfinde/62

1889-1979
Generación del 27


La fuente de los encuentros entre Guiomar y Antonio Machado en los Jardines de la Moncloa
Foto de elpaís.com


AQUEL JARDÍN

                                                       A Antonio Machado

Jardín paradisíaco y perdido,
cuántas y cuántas veces te he soñado. 
Dentro del corazón te me has quedado
como queda un recuerdo muy querido.

Tanto estás en mi mente revivido
que es ya presente lo que fue pasado.
Y parece que el tiempo se ha parado
para que tú no caigas en mi olvido.

Paraje de gorjeos y de aromas.
De borbotar sonoro de la fuente.
Del viento que en la fronda es un rumor.

Toda la vida que tuviste tomas
cuando al cerrar los ojos lentamente
surges, fresco y lozano, en mi interior.

De De mar a mar (1984) en Evocación. Antología poética, Ediciones Torremozas, 2020



Luz Casal - Entre mis recuerdos

martes, 19 de octubre de 2021

#poesíasoloenfinde/31

15 de octubre 


 Premio Príncipe de Asturias de las Letras 1988



Joaquín Sorolla - Fuente árabe en el Alcázar de Sevilla, 1910
Museo Sorolla - Madrid



Mi ración de alegría 

Defiendo la alegría,
la precaria, amenazada,
difícil alegría,
al raso, limpia, en cueros,
mi ración de alegría.

No me arrastréis al pozo
de las verdes culebras.

No os arrojo a la cara mi alegría,
os la tiendo tan sólo
como una débil luz, como una mano.

No es ningún baluarte
ni ningún ofensivo privilegio,
es mi único utensilio cotidiano,
mi tela de labor.

No tengo otra bandera
y ostenta unos colores ya un poco desteñidos;
mirad que la levanto a duras penas,
contra viento y marea,
sin sombra alguna de provocación.

Es parcela pequeña, minifundio,
terreno sin cercados ni aparceros
que aro, riego y abono por mí misma,
con fe, de sol a sol.

Tomad el pobre o rico,
el cuestionable fruto
que desde ella os ofrezco,
pues sólo desde aquí
os consigo mirar, ayudar,
entender,
poner tal vez en claro alguna cosa.

No me la reprochéis ni adobéis de negrura
como un reducto inmundo, segregado;
ved que no la defienden
ni pinchos ni alambradas
y que podéis pasar aquí conmigo
al sol.

No me arrastréis al pozo
de las verdes culebras.



Luz Casal - Sencilla alegría

viernes, 25 de junio de 2021

#poesíasiempre/93

(1891-1951)
Generación del 27




SÍ, POR DETRÁS DE LAS GENTES…

Sí, por detrás de las gentes
te busco.
No en tu nombre, si lo dicen,
no en tu imagen, si la pintan.
Detrás, detrás, más allá.

Por detrás de ti te busco.
No en tu espejo, no en tu letra,
ni en tu alma.
Detrás, más allá.

También detrás, más atrás
de mí te busco. No eres
lo que yo siento de ti.
No eres
lo que me está palpitando
con sangre mía en las venas,
sin ser yo.
Detrás, más allá te busco.

Por encontrarte, dejar
de vivir en ti, en mí,
y en los otros.
Vivir ya detrás de todo,
al otro lado de todo
-por encontrarte-
como si fuese morir.

                                (De La voz a ti debida, 1933)




Luz Casal - Un año de amor

martes, 13 de abril de 2021

#poesíaalarmada/171



Quino. Mafalda 5. Ed. Lumen, 1989



Estados de ánimo 

Unas veces me siento
como pobre colina
y otras como montaña
de cumbres repetidas.

Unas veces me siento
como un acantilado
y en otras como un cielo
azul pero lejano.

A veces uno es
manantial entre rocas
y otras veces un árbol
con las últimas hojas.

Pero hoy me siento apenas
como laguna insomne
con un embarcadero
ya sin embarcaciones

una laguna verde
inmóvil y paciente
conforme con sus algas
sus musgos y sus peces

sereno en mi confianza
confiando en que una tarde
te acerques y te mires
te mires al mirarme.
                                          (De El amor, las mujeres y la vida. 1995)



Luz Casal - Sentir

domingo, 14 de febrero de 2021

#poesíaalarmada/112

(1910 - 1942)


Vincent van Gogh - Dos amantes (fragmento) 1888 Colección privada



Soneto Final

Por desplumar arcángeles glaciales,
la nevada lilial de esbeltos dientes
es condenada al llanto de las fuentes
y al desconsuelo de los manantiales.

Por difundir su alma en los metales,
por dar el fuego al hierro sus orientes,
al dolor de los yunques inclementes
lo arrastran los herreros torrenciales.

Al doloroso trato de la espina,
al fatal desaliento de la rosa
y a la acción corrosiva de la muerte

arrojado me veo, y tanta ruina
no es por otra desgracia ni por otra cosa
que por quererte y sólo por quererte.



                                   De «El rayo que no cesa», 1936
                                   Recogido en Miguel Hernández – Poesía esencial





Luz Casal - Historia de un amor

miércoles, 20 de enero de 2021

#poesíaalarmada/87

(1836-1870)

G.A.Bécquer (Retrato por Valeriano Bécquer)
Luz Casal  (Mujer Hoy)



Rima XVI 


  Si al mecer las azules campanillas
      de tu balcón
crees que suspirando pasa el viento
       murmurador,
sabe que, oculto entre las verdes hojas,
       suspiro yo.

   Si al resonar confuso a tus espaldas
      vago rumor
crees que por tu nombre te ha llamado
       lejana voz,
sabe que, entre las sombras que te cercan,
       te llamo yo.

   Si te turba medroso en la alta noche
       tu corazón,
al sentir en tus labios un aliento
      abrasador,
sabe que, aunque invisible, al lado tuyo
       respiro yo.



jueves, 5 de noviembre de 2020

#poesíaalarmada/11


Himno a la claridad

A cambio de mi vida nada acepto.
¿Qué se puede ofrecer que valga más
que el calor de la llama, que la espiga
convocada a ser grano, que la noche
que dentro ya contiene el joven día?

Escucho mis pisadas sobre el suelo.
A lo lejos, alguien también las oye.
Tañido lastimero de campanas
en su oído. Eco de brasas tiernas
en el mío, que todavía es temprano
y en el cuerpo palpita el pulso errante.

Me pongo por testigo en esta hora,
cuando la lluvia lava más que riega
y los libros liberan más que nutren.

¿A qué esperáis? Encended los caminos,
que empapen bien los ojos. Recorredlos
mientras haya una lumbre en los pulmones,
mientras un niño aguarde su ocasión
de convertirse en hombre, mientras verbos
de orígenes distantes desemboquen
en una voz unida, mientras reinen
las noches que nos prenden, abrazad
el destello arcilloso de la tierra
que es nuestro hogar común,
el verdadero.

A cambio de mi vida nada acepto,
aunque sepa -y bien que eso me duele-
que no siempre es el justo el encumbrado.
La luz es un oficio fugitivo,
impenitente en su aversión al óxido.

Aun así, yo me aferro a esta urdimbre,
a esta pila de huesos que me suman,
a este rayo en proceso, presentido
en su persecución de lo inefable.
La profecía acampa frente al cielo
con los párpados tersos y se afana
en avanzar en base a lo avanzado.

Que nada nos detenga. La llamada
del infinito debe obedecerse.
Soberana inquietud que nos animas,
enséñanos a merecer el néctar
de estos días que nos tocan. Muéstranos
un modo de luchar contra el vacío
de este dulce interludio. Que la fe
en la alegría posible no abandone
ni la razón despierta ni el recuerdo.

Sé que tengo sentido porque vivo,
y sé que no hay dolor ni menoscabo
que puedan inmolar esta fortuna
de ser en el presente, de existir,
de sentirme el orfebre del instante.

Yo soy mi propio riesgo. Doy por cierta
la sed de infinitud que me espolea.
Ante el placer de respirar me postro.

No hay verdad más profunda que la vida.



Luz Casal y Rosendo - Maneras de vivir

miércoles, 1 de julio de 2020

#poesíaenverano/11






ÁNGEL GONZÁLEZ


Inventario de lugares propicios al amor

Son pocos.              
La primavera está muy prestigiada, pero                      
es mejor el verano.            
Y también esas grietas que el otoño                  
forma al interceder con los domingos                
en algunas ciudades                     
ya de por sí amarillas como plátanos.               
El invierno elimina muchos sitios:                       
quicios de puertas orientadas al norte,              
orillas de los ríos,               
bancos públicos.                
Los contrafuertes exteriores                    
de las viejas iglesias                     
dejan a veces huecos                   
utilizables aunque caiga nieve.               
Pero desengañémonos: las bajas                      
temperaturas y los vientos húmedos                 
lo dificultan todo.                
Las ordenanzas, además, proscriben                
la caricia (con exenciones            
para determinadas zonas epidérmicas              
-sin interés alguno-            
en niños, perros y otros animales)                     
y el «no tocar, peligro de ignominia»                 
puede leerse en miles de miradas.                    
¿A dónde huir, entonces?            
Por todas partes ojos bizcos,                  
córneas torturadas,            
implacables pupilas,                      
retinas reticentes,               
vigilan, desconfían, amenazan.              
Queda quizá el recurso de andar solo,              
de vaciar el alma de ternura                    
y llenarla de hastío e indiferencia,                      
en este tiempo hostil, propicio al odio.


Carta sin despedida

A veces,                   
mi egoísmo me llena                     
de maldad,              
y te odio casi           
hasta hacerme daño                     
a mí mismo:             
son los celos, la envidia,               
el asco                      
al hombre, mi semejante              
aborrecible, como yo                     
corrompido y sin remedio,            
mi querido                
hermano y parigual en la desgracia.                  

A veces -o mejor dicho:                
casi nunca-,             
te odio tanto que te veo distinta.             
Ni en corazón ni en alma te pareces                 
a la que amaba sólo hace un instante,              
y hasta tu cuerpo cambia             
y es más bello                     
-quizá por imposible y por lejano-.                     

Pero el odio también me modifica                      
a mí mismo,             
y cuando quiero darme cuenta               
soy otro                    
que no odia, que ama                   
a esa desconocida cuyo nombre es el tuyo,                
que lleva tu apellido,                     
y tiene,                     
igual que tú,            
el cabello largo.                  
Cuando sonríes, yo te reconozco,                      
identifico tu perfil primero,            
y vuelvo a verte,                 
al fin,             
tal como eras, como sigues                     
siendo,                     
como serás ya siempre, mientras te ame.    
                

 Luz Casal. Volver a comenzar

miércoles, 24 de junio de 2020

#poesíaenverano/4




Canción rota

Siempre que iba a cantar
algo se interponía
y a mí no me importaba,
¡había tanto tiempo!

Mi canción se quedaba en el alero,
confiada,
meciéndose en la espera
cuajada de horizontes.

Si alguna vez con mudo gesto
antiguo
acaricio las cuerdas,
el aire se retira
y el corazón me late nuevamente
con aquellos latidos turbulentos,
heraldos de mi canto.

¡Ay, mi canción truncada!
Yo nunca tenía prisa
y la dejaba siempre,
amor,
para después.

Se me ha gastado el día,
atropelladamente
en idas y venidas,
en gestos y recados
que al hacerlos juzgaba.
necesarios.

  

Muerte necia

Desperdiciado, débil y oscilante,
el número equis ene de mis
días
era un cabo de vela
y afuera lucía el sol de la
mañana.

El sol se hunde en silencio
y sopla las bujías
y se envuelve en su manto como
un rey.

El número equis ene de mis
días
murió de muerte necia.

Ahora lo estoy llorando
cuando veo a las nubes
ponerse un traje grana
para morir también.

   

Farmacia de guardia

No es Valium ni Orfidal,
no me ha entendido.
Se trata de la fe. Sí: de la fe.
Comprendo que es muy tarde
y no son horas
de andar telefoneando a una
farmacia
con tales quintaesencias.
Lo que yo necesito
para entrar confiada en el vientre
del sueño
es algún específico protector de
la fe.
¿Que le ponga un ejemplo más
concreto?
Pues no sé... Necesito
creerme que este saco
cerrado por la boca
y en cuya superficie
se aprecia la joroba
de envoltorios estáticos
puede volver a abrirse alguna vez
a provocar deseos y sorpresas
bajo la luz del sol y de la luna,
bajo el fervor clemente
de los dioses del mar.
¡Oh, volver a sentir lo que era
eso!
Y ni siquiera necesito tanto
—ya es menos lo que pido—;
simplemente creerme
que un día lo sentí
intempestivamente
cuando más descuidada andaba
de esperarlo,
y supe con certeza
que sí, que se podía,
que un corazón doméstico
cuando al fin se desboca
es porque está latiendo sin
saberlo
desde otro muy cercano.


Ya. Que no tienen nada.
Pues perdone.
Comprendo que es muy tarde
para hacerle perder a usted el
tiempo
con tales quintaesencias.
Ya me lo figuraba.
Buenas noches.




Luz Casal. La única verdad