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"Vivir sin leer es peligroso, porque obliga a conformarse con la vida"
Michel Houellebecq




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viernes, 5 de febrero de 2021

Hijos del carbón. Noemí Sabugal

Querida Noemí: 

Permíteme que me tome dos libertades. Una, que en virtud de mi edad provecta-cómo me gusta esta palabra- te tutee. Dos, que me dirija a ti con la familiaridad propia del parentesco, como si me hubiera salido una sobrina por vía de la literatura.

Aunque, a decir verdad, parentesco tenemos más allá del literario, parentesco del que surge de las formas de vida. Parentesco del trabajo de nuestros mayores. Parentesco de la mina. Resulta que ese manido tópico de “la gran familia minera” es verdad. Y las dos somos hijas del carbón.

El caso es que yo vengo aquí a hablar de tu libro. Lo primero que oí de él fueron alabanzas incondicionales, así que recelé, porque uno de los inconvenientes de la edad provecta es una tendencia automática a recelar de la edad joven; en cuanto lo piensas un poco ves que ni siquiera es un prejuicio, sino una forma especial de envidia, hasta Rubén Darío lo sabía. Pero ¡ay, el vicio!, me faltó tiempo para pasar por la librería.

La foto de la solapa no ayuda mucho, se te ve insultantemente joven, va a ser que sí es un prejuicio, y gordo. Pero la trayectoria te avala, y luego hay un mapa de las cuencas, y un dibujo de un castillete, y, milagros de la mercadotecnia, un autógrafo de la autora. Parece que el libro, como la vida, va en serio. El índice dibuja un mapa del itinerario de tu libro viaje, con la memoria como guía, me vas cayendo bien, Noemí. Y en esa página que aloja las citas que amparan cualquier libro que se precie has invitado a Miguel Hernández y a mi amada Ángela Figuera. Estás perdonada, empiezo a no ver tu edad y a olvidar la mía.

A partir de ahí, el libro, o el viaje, o el libro viaje, se hacen con un nudo en la garganta. Ese mismo nudo que se te instala, al lado de las anginas mismamente, en el momento en que eres consciente de que tu padre se va a trabajar a un agujero del que no sabes si volverá. Cuando el turno era de día la luz y la actividad distraían, pero si tocaba trabajar de tarde o de noche el nudo se hacía presente al atardecer y no desaparecía hasta que, leyendo a escondidas en la cama, oías pasar el autocar de los mineros. Apagar la luz y afinar el oído para ver si resonaban los pasos del paisano en la carretera. Qué bien sonaban aquellos pasos. Ya podías dormir. Tregua hasta el día siguiente. Añadiré que lo mismo que los hombres no lloran, no lloraban, tampoco besaban a sus hijos al ir a trabajar; la ternura, esa blandengue, estaba mal vista. El orgullo de la reciedumbre. Esa página 55 en la que empiezas la muerte y la mina se lee con aquel nudo en la garganta.


Monumento a los mineros de Orillés muertos en la mina, 2011
 


La mina era la vida y era para toda la vida. Nunca pensamos que fuera a tener un final, la tierra sería generosa y seguiría ofreciendo vetas y vetas. Pero el final llegó y fue, es, muy duro. Porque, como muy bien muestras en tu libro, la vida de las minas, llena de luces y sombras, condicionó de manera total la vida de las familias. Tu recorrido por las diferentes cuencas muestra que no se sabe, o no se quiere, encontrar una alternativa a la mina y que lo fácil es dejarlas morir. El nudo en la garganta deja paso a la indignación cuando la investigación y la documentación dirigen tu viaje a la historia del nacimiento de las minas, de su explotación, y de su abandono. Los recuerdos propios ayudan: se es de la mina y eso hace que no hagan falta explicaciones. Padres que entraban en la mina a los catorce años, madres que lavaban en el río o en el lavadero la ropa de la mina, la compra en el economato, aquel lejanísimo campamento para hijos de mineros, aquel entierro en Turón de cuatro mineros, cuatro (y eran once las víctimas), en tu lejana adolescencia, la huelga del 62, la papeleta del carbón, el olor a fuego caliente de la cocina de carbón, el olor a humo de las chimeneas, el olor a tren del Vasco, del carbón que quemaba su máquina, el olor a ropa tendida (206), la añoranza del ganado y de la tierra. 

No lo leí de un tirón, no. En muchos momentos el nudo me ahogaba, en otros me ahogaba la indignación. Y el recelo inicial desapareció por completo. Excelente trabajo, sobrina-por-adopción-literaria-minera-o-lo-que-sea.  Excelente investigación y excelente testimonio personal. Te voy a recomendar mucho y te voy a seguir leyendo.

Tu tía adoptiva.

Noemí Sabugal - Hijos del carbón. Alfaguara, 2020




martes, 9 de mayo de 2023

FULGENCIO ARGÜELLES. NOCHES DE LUNA ROTA


    Yo también nací en Peñafonte. Y bebí del agua de la Peña del Cuervo. Y conozco Pedregal y Riofarta. Y la mina San Roque. Y la ermita. Ya os estoy viendo la sonrisa condescendiente con que disculpáis mi manía de creer que cada libro que leo está escrito para mí, me, conmigo, y de sentirme protagonista absoluta de lo que al autor se le haya ocurrido inventar. Y tenéis razón, eso es así: cada libro es un espejo donde me encuentro y no siempre con buena imagen, debo decir. Pero en este, es verdad verdadera. Yo también nací en Peñafonte y así consta en el libro de registro del juzgado, si bien tengo que decir que allí aparece con otro nombre. Eso es la literatura, transformar vida real en vida imaginaria, aunque no por ello menos real; hoy el muso no me asiste ni me inspira, pero seguro que me entendéis.


Conocí a los posaderos que, como Urbano Villamanín, estaban de posada en las casas de los vecinos del pueblo, él cuando iba a vender y ellos cuando llegaban desde la meseta para trabajar en la mina. Supe, por la memoria de mi abuela, de los fugaos que vivían ocultos en el monte, de cómo los asistían la familia y los vecinos y de cómo algunos consiguieron llegar a Francia o a Bélgica, aunque me quedo con las ganas de saber si Juan Jacobo Vela Caparina consigue llegar a Francia, convencido de que no aguantarán otro invierno. Y sé que se siente vencido, pero resiste y bajará con sus compañeros a la boda. Porque hay una boda. La del nieto del criminal y la hija de uno de los del monte. Una boda de celebración vergonzante dadas las circunstancias, don Carmelo dixit. Pobres Arbicio y Jovita, jóvenes, enamorados y encerrados en la atmósfera asfixiante de Peñafonte, como tantos Arbicios y Jovitas en tantos Peñafontes. La tímida y resuelta Jovita, hija de Milvio, el fugao que bajará del monte para llevar a su hija al altar. El noble y tímido Arbicio, nieto de Delio, el criminal que se va muriendo entre remordimientos y olvidos en un hospicio después de purgar en la cárcel el crimen de matar a su mujer:

“Nada me hicieron ni tu madre ni tus hermanas y, sin embargo, las traté como si fueran perras, solo por haber nacido hembras… Así lo teníamos aprendido…"


 
Supe de fosas comunes, de topos ocultos en la tená, protegidos por la esposa y los hijos, presuntamente viuda y huérfanos. De huidos a Argentina o a México, de bodas por poderes, de bodas por el parapeto que había que regularizar después de la derrota, de bodas de madrugada por las circunstancias. De bodas en las que no era aconsejable la música y el baile, o no era conveniente que la novia vistiera de blanco. De bodas tristes. De desengaños revolucionarios y de desengaños amorosos. De mujeres aperreadas por la vida, de mujeres escondidas en sus miedos y vergüenzas, de mujeres fuertes, de mujeres valientes. Supe de silencios.

Todo eso está en este libro. Y está contado de manera prolija, reposada, reflexiva, llena de parlamentos de unos personajes que parecen pensar en voz alta delante de la lectora mientras dialogan dos a dos. Y en esas reflexiones están los planes de futuro, tan incierto, está la historia de todo el pueblo, y está la intimidad de cada uno de ellos, una intimidad que nos deja ver personajes rotos, que dudan de sí mismos, que se plantean dilemas morales, pecados de omisión, errores y aciertos; que nos deja ver, sobre todo, que nadie es de una pieza, que la pureza no parece existir, que todos andan, andamos, enredados entre luces y sombras, teñidos de todos los matices del gris.  Y rotos, como la luna que da título al libro:

“Este amor que me confiesas y que me traes, sólo de vez en cuando y sin avisos previos, este amor, creciente o no, entero o no, es como si en lugar del amor fuera la luna, una luna más rota que entera, así que con tristeza te digo que es un amor irresoluble.”

Sí, nací en Peñafonte y con frecuencia vuelvo a sus letanías de lluvia y a sus noches de luna rota. Pero no os voy a decir si de verdad o con la imaginación.

FULGENCIO ARGÜELLES.- Noches de luna rota. Acantilado, 2022

martes, 10 de noviembre de 2020

#poesíaalarmada/16



NO QUIERO

No quiero
que los besos se paguen
ni la sangre se venda
ni se compre la brisa
ni se alquile el aliento.
No quiero
que el trigo se queme y el pan se escatime.

No quiero
que haya frío en las casas,
que haya miedo en las calles,
que haya rabia en los ojos.

No quiero
que en los labios se encierren mentiras,
que en las arcas se encierren millones,
que en la cárcel se encierre a los buenos.

No quiero
que el labriego trabaje sin agua
que el marino navegue sin brújula,
que en la fábrica no haya azucenas,
que en la mina no vean la aurora,
que en la escuela no ría el maestro.

No quiero
que las madres no tengan perfumes,
que las mozas no tengan amores,
que los padres no tengan tabaco,
que a los niños les pongan los Reyes
camisetas de punto y cuadernos.

No quiero
que la tierra se parta en porciones,
que en el mar se establezcan dominios,
que en el aire se agiten banderas
que en los trajes se pongan señales.

No quiero
que mi hijo desfile,
que los hijos de madre desfilen
con fusil y con muerte en el hombro;
que jamás se disparen fusiles
que jamás se fabriquen fusiles.

No quiero
que me manden Fulano y Mengano,
que me fisgue el vecino de enfrente,
que me pongan carteles y sellos
que decreten lo que es poesía.

No quiero amar en secreto,
llorar en secreto
cantar en secreto.

No quiero
que me tapen la boca
cuando digo NO QUIERO…


Pablo Milanés - Yo no te pido

sábado, 23 de diciembre de 2023

#lacosapoética/36

GLORIA FUERTES
(Madrid, 1917-1998)

GLORIA FUERTES en 1937



MURAD SUBAY -Mural sobre el reclutamiento de niños soldado (Londres 2016)
Foto de Mohammed Huwais/AFP en La Vanguardia,2018



TODOS CONTRA LA CONTAMINACIÓN

Que los hombres no manchen los ríos.
Que los hombres no manchen el mar.
Que los niños no maltraten los árboles.
Que los hombres no ensucien la ciudad.

(No quererse es lo que más contamina,
sobre el barco o bajo la mina.)

Que los tigres no tengan garras,
que los países no tengan guerras.

Que los niños no maten pájaros,
que los gatos no maten ratones,
y, sobre todo, que los hombres
no maten hombres.



BONEY M - We Kill The World (Don't Kill The World) (1981)

jueves, 10 de diciembre de 2020

#poesíaalarmada/46

GLORIA FUERTES

No perdamos el tiempo

Si el mar es infinito y tiene redes,
si su música sale de la ola,
si el alba es roja y el ocaso verde,
si la selva es lujuria y la luna caricia,
si la rosa se abre y perfuma la casa,
si la niña se ríe y perfuma la vida,
si el amor va y me besa y me deja temblando.
¿Qué importancia tiene todo esto,
mientras haya en mi barrio una mesa sin patas,
un niño sin zapatos o un contable tosiendo,
un banquete de cáscaras,
un concierto de perros,
una ópera de sarna?
Debemos inquietarnos por curar las simientes,
por vendar corazones y escribir el poema
que a todos nos contagie.
Y crear esa frase que abrace todo el mundo;
los poetas debiéramos arrancar las espadas,
inventar más colores y escribir padrenuestros.
Ir dejando las risas en las bocas del túnel,
y no decir lo íntimo, sino cantar al corro;
no cantar a la luna, no cantar a la novia,
no escribir unas décimas, no fabricar sonetos.
Debemos, pues sabemos, gritar al poderoso,
gritar eso que digo, que hay bastantes viviendo
debajo de las latas con lo puesto y aullando,
y madres que a sus hijos no peinan a diario,
y padres que madrugan y no van al teatro.
Adornar al humilde poniéndole en el hombro
                                            nuestro verso;
cantar al que no canta y ayudarle es lo sano.
Asediar usureros y con rara paciencia convencerles
                                            sin asco.
Trillar en la labranza, bajar a alguna mina;
ser buzo una semana, visitar los asilos,
las cárceles, las ruinas; jugar con los párvulos,
danzar en las leproserías.

Poetas, no perdamos el tiempo, trabajemos,
que al corazón le llega poca sangre.

Manu Chao - Clandestino

sábado, 10 de abril de 2021

#poesíaalarmada/168

(1902 - 1984)


Valla fronteriza entre Turquía y Bulgaria, en Kraynovo (FRONTEX)
Público.es, 23/02/21



LA FRONTERA

Llegaron los hombres a partir la tierra:
Tras el arado codicioso,
sembrado el odio y la cizaña,
parlamentada la rapiña,
llegaron hombres a partir la tierra.

Hombres con botas despiadadas,
hombres con mapas y anteojos,
con largos dientes, largas uñas,
ojos de plomo y sangre negra.

Al filo de ansia y de cuchillo
iban abriendo y troceando
el pecho santo de la Madre.

Al borde mismo de la herida
se colocaban los mojones.

Los ríos vieron sus orillas
a la distancia real del odio.

Los lagos fueron divididos
como se saja un ojo abierto.

La mies, el bosque, la amapola,
se repartieron con argucia.
La nieve, el pájaro la brisa,
la mina, el mar, el sol, la calle,
la sal, la miel, se adjudicaron.

Las cordilleras se escindieron;
del valle hicieron apartijos,
formaron lotes con las bestias;
se disputaron las raíces
y el fuego oculto en los volcanes.

De sangre y sangre, de hombre y hombre
hicieron castas diferentes.

Así quedó trazada la frontera.

Y llegaron los buitres.
Y posáronse a un lado y a otro lado.
Y se pusieron a esperar.

                (De Toco la tierra. Letanías. 1962, en Obras completas. Hiperión)


Jorge Drexler - Frontera

lunes, 25 de mayo de 2026

#lacosapoética/161

ALICIA  ABATILLI

(Entre Ríos, Argentina)


PIEDRA de ROSETTA - Museo Británico, Londres

POEMA A LA TIZA QUE SE QUEDÓ


La tiza dejó en el aire 

un camino de harina blanca,

 y el pizarrón, silencioso,

 se volvió puerta y ventana.


 La seño escribió una palabra

 con paciencia de semilla;

 yo la miré crecer despacio

sobre la mañana amarilla.


 En mi cuaderno temblaba

 una letra recién nacida;

 parecía un pajarito, buscando su propia orilla. 


“Probá”, me dijo bajito,

como quien presta una llave.

 Y de pronto el renglón torcido 

empezó a sentirse amable.


 No fue magia, fue escuela:

 mesa, lápiz, voz y abrazo;

 un mundo hecho de preguntas

 caminando paso a paso.


 Ese día comprendí

 sin aplausos ni medallas;

 hay docentes que encienden luces

 donde otros solo ven faltas.


 Y queda, aunque nadie la vea,

 la huella blanca en la memoria:

 una tiza, una palabra,

 y una infancia haciendo historia.


MINA Y ALBERTO LUPO - Parole, parole (RAI, 1972)


domingo, 18 de abril de 2021

#poesíaalarmada/176


(1938 - 2021)
Premio Cervantes 2019

Rembrandt - San Juan Bautista predicando (1634)
Museo Estatal de Berlín, Gemäldegalerie


Como un Rembrandt

De un lado están los campos,
las tinieblas que cruzan el jabalí y el zorro.
Del otro, el enlosado del patio al que barniza
el haz de luz dorada que sale del portal.
Es como una expulsión que a la vez tiene
la fuerza de acoger.
Nuestra última puerta. Recupero
el viejo impulso, el rayo luminoso
en esta oscuridad en la que amar es dónde.
                                                            (De Amar es dónde, 2015)



Mina -  Amor mio (1971)

martes, 15 de junio de 2021

#poesíasiempre/83

(1808-1842)


El mendigo


Mío es el mundo: como el aire libre,
Otros trabajan porque coma yo;
todos se ablandan si doliente pido
Una limosna por amor de Dios.

   El palacio, la cabaña
      Son mi asilo,
Si del ábrego el furor
Troncha el roble en la montaña,
O que inunda la campaña
El torrente asolador.

      Y a la hoguera
      Me hacen lado
      Los pastores
      Con amor,
      Y sin pena
      Y descuidado
      De su cena
      Ceno yo.
      O en la rica
      Chimenea,
      Que recrea
      Con su olor,
      Me regalo
      Codicioso
      Del banquete
      Suntüoso
      Con las sobras
      De un señor.

   Y me digo: el viento brama,
Caiga furioso turbión;
Que al son que cruje de la seca leña,
Libre me duermo sin rencor ni amor.

    Mío es el mundo: como el aire libre,
Otros trabajan porque coma yo;
todos se ablandan si doliente pido
Una limosna por amor de Dios.

   Todos son mis bienhechores,
      Y por todos
A Dios ruego con fervor;
De villanos y señores
Yo recibo los favores
Sin estima y sin amor.
      Ni pregunto
      Quiénes sean,
      Ni me obligo
      A agradecer;
      Que mis rezos
      Si desean,
      Dar limosna
      Es un deber.
      Y es pecado
      La riqueza,
      La pobreza
      Santidad;
      Dios a veces
      Es mendigo,
      Y al avaro
      Da castigo
      Que le niegue
      Caridad.

   Yo soy pobre y se lastiman
Todos al verme plañir,
Sin ver son mías sus riquezas todas,
Que mina inagotable es el pedir.

    Mío es el mundo: como el aire libre,
Otros trabajan porque coma yo;
todos se ablandan si doliente pido
Una limosna por amor de Dios.

   Mal revuelto y andrajoso,
      Entre harapos
Del lujo sátira soy,
Y con mi aspecto asqueroso
Me vengo del poderoso,
Y a donde va tras él voy.

      Y a la hermosa
      Que respira
      Cien perfumes,
      Gala, amor,
      La persigo
      Hasta que mira,
      Y me gozo
      Cuando aspira
      Mi punzante
      Mal olor.
      Y las fiestas
      Y el contento
      Con mi acento
      Turbo yo,
      Y en la bulla
      Y la alegría
      Interrumpen
      La armonía
      Mis harapos
      Y mi voz:

   Mostrando cuán cerca habitan
El gozo y el padecer,
Que no hay placer sin lágrimas, ni pena
Que no transpire en el medio del placer.

    Mío es el mundo: como el aire libre,
Otros trabajan porque coma yo;
todos se ablandan si doliente pido
Una limosna por amor de Dios.

   Y para mí no hay mañana,
      Ni hay ayer;
Olvido el bien como el mal,
Nada me aflige ni afana;
Me es igual para mañana
Un palacio, un hospital.
      Vivo ajeno
      De memorias,
      De cuidados
      libre estoy;
      Busquen otros
      Oro y glorias,
      Yo no pienso
      Sino en hoy.
      Y do quiera
      Vayan leyes,
      Quiten reyes,
      Reyes den;  
      Yo soy pobre,
      Y al mendigo,
      Por el miedo
      Del castigo,
      Todos hacen  
      Siempre bien.

   Y un asilo donde quiera
Y un lecho en el hospital
Siempre hallaré, y un hoyo donde caiga
Mi cuerpo miserable al espirar.

    Mío es el mundo: como el aire libre,
Otros trabajan porque coma yo;
Todos se ablandan, si doliente pido
Una limosna por amor de Dios.

                                  (José de Espronceda en la Biblioteca Virtual Cervantes)


José Luis Perales - Un velero llamado libertad

lunes, 8 de abril de 2019

Manual para mujeres de la limpieza, manual de vida

Si sois de subrayar, este es vuestro libro. Pero ya podéis hacer acopio de lapiceros, cómo me gusta esta palabra, lapiceros. No os va a alcanzar con ese cabo raquítico que tenéis en el cajón de la cocina. Y necesitaréis que sea de mina blanda, del 2, para que no calque mucho en la hoja, porque no os gustará que el libro se estropee, solo que señale lo justo. Quizá no lo releáis ni el próximo verano ni nunca, pero no os gustará desprenderos de él, querréis tenerlo siempre en vuestra biblioteca, será uno de "vuestros" libros.
Ya os veo pidiéndome que deje de escribir, porque ya está clarísimo que este libro me gustó. Podéis añadir que mucho. Y que se me ve el plumero. Y que no estoy siendo muy honrada.
Pues tenéis razón.
Primero. Es verdad que la simpatía suscitada por la autora no debería influir en la opinión sobre su libro, pero, mea culpa, tenéis razón, esta mujer me cae muy bien.Y no es morbo, es empatía. Ahora se llama así. Su vida ¿azarosa, se decía antes? es un espejo de lo que podría ser cualquier vida y de lo que son muchas vidas.
Segundo. Es verdad que la acogida de su obra es excelente y que sorprende que no se la haya conocido hasta ahora. Y que no hay que ceder al papanatismo de fiarse de los santones que escriben suplementos literarios. Pero es que, en este caso, aciertan.
Tercero. Pues no voy a seguir justificándome. No soy objetiva. Soy parcial.
Me gusta mucho esta Lucia Berlin que vivió con sus problemas y sus contradicciones y que fue capaz de convertirlos en materia literaria, que no en autobiografía. Que supo mirar alrededor, poner aquel espejo que decía Flaubert al lado del camino para reflejar la vida y, después, transformar la realidad del espejo en realidad de la ficción y, con ella, llegar al corazón de los lectores. Qué suerte para sus alumnos de la universidad contar con ella como profesora.
Son cuarenta y tres cuentos de diferente extensión y de asuntos variados. Ahora quedaría muy bien que hablara de la fecunda tradición cuentista norteamericana, tanto de Canadá como de Estados Unidos, y que citara a unos cuantos ellos y ellas. Y que dijera que Lucia Berlin se sitúa en la zaga de Carson McCullers, Flannery O'Connor o Alice Munro, por citar solo escritoras. Y podría seguir haciendo un análisis muy sesudo, si fuera capaz o si quisiera.
Pero todos esos mandamientos se resumen en uno: leed este libro.
¿Qué decís? ¿ Que esperabais alguna cita de las que subrayé con mi lapicero del 2? Bueno, pero no os acostumbréis, solo dos o tres, que preferiréis las vuestras:



BERLIN, LUCIA.- Manual para mujeres de la limpieza. Ed. Alfaguara, 2016

lunes, 5 de julio de 2021

#poesíasiempre/102

(Almería, 1962)
Premio Loewe, 2020



Victoria alada de Samotracia (Siglo II a.C.)
Museo del Louvre (París)



LAS REFUGIADAS, SEGÚN ESQUILO

Arena entre los dedos de los pies.
No sabíamos nada de nudos ni de remos.
Aprendimos tareas de aparejo
en las finas arenas del Nilo, junto al mar.
De todas las desgracias
elegimos al menos la más noble,
la de huir libremente.
Viajamos, como Ío,
huyendo de los lechos donde Eros
sembró tábanos, celos, asfixia, propietarios.
La nave es nuestra ágora flotante.
Navegamos en busca de ciudad.
- ¿Una ciudad buscáis?
- Oh, sí, la deseamos. Podemos construirla.
Sabemos cómo alzar 
los altares. A Atenea naviera
con nuestros labios libres
le rezamos en Rodas.
No crezcan en las casas
cuevas de rudos cíclopes.
Ansiamos buscar fuentes
en las entrañas limpias de la tierra.
Los huertos no los riegue
la sangre del dios Ares.

                                   (De Gavieras. Ed. Visor, 2020)



Mina - La barca

viernes, 29 de mayo de 2020

#yomequedoencasa/76


                                                         PREMIO CAMOENS 1995
                                                                                PREMIO NOBEL DE LITERATURA 1998



INTIMIDAD

En el corazón de la mina más secreta,
en el interior del fruto más distante,
en la vibración de la nota más discreta,
en la caracola espiral y resonante,

en la capa más densa de pintura,
en la vena que en el cuerpo más nos sonde,
en la palabra que diga más blandura,
en la raíz que más baje, más esconda,

en el silencio más hondo de esta pausa,
eonde la vida se hizo eternidad,
busco tu mano y descifro la causa
de querer y no creer, final, intimidad.




Ilda Reis. Tiempo de vida IV. Grabado



ALZO UNA ROSA

Alzo una rosa, y todo se ilumina
como no hace la luna ni el sol puede:
serpiente de luz ardiente y enroscada
o viento de cabellos que se mueve.

Alzo una rosa y grito a cuantas aves
el cielo colorean de nido y de cantos,
en el suelo golpeo la orden que decide
la unión de los demonios y los santos.

Alzo una rosa, un cuerpo y un destino
contra la fría noche que se atreve,
y con savia de rosa y con mi sangre
perennidad construyo en vida breve.

Alzo una rosa, y dejo, y abandono
cuanto me duele de penas y de asombros.
Alzo una rosa, sí, y oigo la vida
en este cantar de las aves en mis hombros.


                                                                  Luis Pastor. Alzo una rosa





MADRIGAL

¿Fue milagro? Idea loca.
¿Pero que puedo decir
de esta profunda alegría
de ver el alma salir
en la risa de tu boca?

Tal vez  si fuese la tuya
lo entendería,
¿más la mía que hace allí?
Parece hechizo de luna
(cosas que no son de aquí)
que mi alma ande contigo:
fue milagro. Bien lo digo.




                                                                    Zeca Afonso. Grândola vila morena